Se Comenta

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:Que pocos o nadie se ha puesto a reflexionar sobre la otra cara de la tragedia en el mercado de Pirotecnia de San Pablito, en Tultepec, pues de la nada, más de 300 familias han quedado en el desamparo.

Los parientes de estas 300 familias que laboraban en el mercado están siendo atendidos en lo más elemental por el gobierno estatal, ya que así lo dispuso el mandatario Eruviel Ávila Villegas. Habrá que ver como se les ayuda, porque de eso viven, de la pirotecnia, no tienen otros ingresos y es necesario que la sociedad mexiquense les apoye.

:Que la dinastía Del Mazo siempre tuvo un apoyo o un guía que les ayudase en su promoción política. Es cosa de recordar. Alfredo Del Mazo Vélez tuvo en la figura de Isidro Fabela Alfaro a ese gran protector que le ayudó a convertirse en gobernador del Estado de México.

Del Mazo Vélez, así lo cuentan quienes vivieron aquellas épocas, prácticamente fue gobernador durante dos periodos porque Isidro Fabela se ausentaba mucho de la entidad y dejaba en manos de su secretario general de Gobierno los asuntos de la entidad, literalmente Del Mazo gobernaba e Isidro Fabela fue factor para que al término de su gestión su gran amigo se convirtiera sin problemas en su sucesor.

Posteriormente, Alfredo Del Mazo González contó con el invaluable apoyo de dos personas que le ayudaron en sus aspiraciones, sin siquiera él tener presente el gran salto que iba a dar. José Ramón López Portillo, hijo del presidente de la República José López Portillo propuso y Fidel Velázquez, el viejo líder cetemista, avaló, para que de esa manera el director del Banco Obrero se convirtiera primero en candidato del PRI y luego en gobernador mexiquense.

El tercero de la dinastía, Alfredo Del Mazo Maza, no tiene en apariencia un apoyo de esos tamaños como para obtener la candidatura y así quedó demostrado hace seis años, aunque en el mundo de la política todos saben del gran aprecio que le tiene el presidente Enrique Peña Nieto y eso podría ser determinante para que obtenga el apoyo de su partido.

:Que el gran problema de muchos alcaldes es la comunicación. No han sabido o no han tenido la capacidad para establecer un vínculo eficiente de información con sus gobernados y con la sociedad en su conjunto, de ahí que muchos de los problemas que enfrentan se han magnificado y en ocasiones no es por la incompetencia de su gente de comunicación, sino por su propia soberbia que les impide ver más allá de sus narices.