Paridad electoral

La paridad no es el equilibrio de números, implica la distribución de tareas, oportunidades y poder para debatir de manera transversal en todos los ámbitos de la vida social además, cuestiona cualquier exclusión social; permite participar de la misma forma y da derecho a todos los que están involucrados en el fomento del desarrollo social, económico y político haciendo a un lado la rígida diferencia entre los sectores e incluso entre los hombres y las mujeres dando la oportunidad por igual, de roles y actividades basadas en las personas y permite la diversidad del proyecto de vida e impide que la sociedad discrimine a cualquier ser humano.

La discriminación hace el déficit de representación de la llamada democracia y la ausencia del sexo femenino en los puestos de decisiones, en tanto no aporten lo necesario para la ciudadanía, la cual atraviesa su realidad y las posiciona en una perspectiva diferente a la hegemónica.

La última reforma político-electoral de enero del 2014 que otorgó la paridad entre mujeres y hombres en la participación en todas las candidaturas para alcaldes, diputados locales y federales, senadores, culminó con la aprobación de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales y la Ley General de Partidos Políticos dando la pausa de la inclusión de las mujeres en la vida política y la posibilidad de participar en las decisiones públicas, en condiciones numéricas de equidad con el hombre, permitiendo que la paridad reparta equitativamente el poder de gobernar entre hombre y mujer.

La paridad es el fenómeno de transformación sociocultural que ha permitido implementar la llamada democracia con mayor participación ciudadana en la que históricamente la mujer estaba ausente.

Efectivamente, es cierto que la paridad ha dado un avance en el reconocimiento que las necesidades y características de mujeres y hombres tienen el mismo derecho, responsabilidad y oportunidades, eliminando cualquier diferencia entre el género; colocando a la mujer en condición de igualdad frente al hombre para el desempeño de diversos ámbitos sociales, económicos, culturales, educativos, políticos y otros.

Por lo que se refiere al estado de Hidalgo, la política en materia de equidad ha regularizado las elecciones pasadas aunque existen graves irregularidades en los mecanismos institucionales hacia el cumplimiento de la igualdad sustantiva en el ámbito político.

Prácticamente todos los partidos políticos que registraron candidaturas, tuvieron observaciones respecto a la aplicación del principio de paridad de género, por lo cual justificaron sus derrotas electorales tras la obligatoriedad de la paridad de género al postular mujeres que cubrieran los espacios sin tener trayectoria o conocimientos, mucho menos liderazgo en la comunidad; lo cierto es que la los partidos políticos en el estado están fallidos totalmente, sólo tratan de culpar a alguien su mal manejo de la política.

Vale recordar que la integración de la mujer a la política y en la toma de decisiones pública es el gran reto para lograr la participación pero aún mantiene un escaso nivel de integración femenina en la actividad política; en este rubro las estadísticas todavía son más alarmantes pues sólo pocas mujeres han ascendido a este tipo de práctica electoral aunque actualmente el Código de Instituciones y Procedimientos Electorales de Hidalgo, establece la obligación de promover la participación política en igualdad de oportunidad y paridad entre mujeres y hombres con la finalidad de reproducir la exclusión, discriminación y aumentar la calidad de vida de los hidalguenses.

Demográficamente la paridad es una realidad en cualquier lugar porque hay más de la mitad de mujeres, eso debería reflejarse en las representaciones políticas, además es lo correcto y lo justo es que las mujeres no sigan padeciendo desigualdad, intolerables en el ámbito político. Tienen que compartir el poder de decisión y superar la discriminación que sigue existiendo; la paridad no se logrará sólo por un decreto de la ley si la voluntad de ellas mismas inspiradoras de capacidad y de mucha importancia a esos cambios de construir la igualdad por medio de nuevas categorías de gran potencia hermética, interdisciplinaria; por ello es el elemento fundamental de la llamada democracia.

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