Los municipios hidalguenses

Los municipios hidalguenses actualmente aparentan estar en proceso de transformación y cambio después de las últimas elecciones que pintaron al estado de todos los colores partidistas. Se presume que la ciudadanía debe mostrar una velocidad mucho mayor que su propia dinámica e inercia política administrativa.

Lo visto, es que a casi nueve meses en ninguno de los 84 ayuntamientos se han realizado esfuerzos por implantar nuevas estrategias de gestión de política pública, mucho menos, nuevas tecnologías administrativas, métodos innovadores y procesos de toma de decisiones basados en la participación ciudadana. Por ello, no se reflejan cambios en las administraciones ni en las promesas que pretendían los ciudadanos que se hicieran realidad el día que emitieron el voto a favor de algún partido; no basta esto, no se ve evolución en el comportamiento individual dentro de la participación pública, ni en la adaptación de nuevos sistemas y procedimientos que traten de auxiliarse de la aplicación de innovaciones tecnológicas que respondan a sus necesidades.

Asimismo, no se han modificado las normativas jurídicas orgánicas, mismas que son base de crítica por parte de la ciudadanía, que ha expresado su hartazgo de los gobernantes auténticos.

Es sabido que cualquier cambio se promueve por la adquisición de nuevos conocimientos y herramientas, por la racionalización de una nueva estructura y la aplicación de los sistemas operativos llamadas estrategias formativas, pero jamás se hace el cambio por medio del poder, utilizando decretos políticos y lineamientos personalizados por los presidentes municipales, que es como hasta ahora se ha ejecutado.

Por ello, los municipios presentan atraso en la actualización del concepto de "Ayuntamiento Moderno", lo cual repercute en diversos factores como la falta de profesionalización de los servidores públicos, la ausencia de recursos o de autonomía, pese a lo dispuesto en el artículo 115 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

No se debe olvidar que el Indemun hace todos los esfuerzos por cumplir con su tarea de capacitar a los alcaldes y sus equipos de trabajo; sin embargo, el contra peso se encuentra en el papel del ayuntamiento tradicional, este receptor pasivo denominado central de caciques, incapaz de abrir espacios a la participación ciudadana, porque la misma ciudadanía no exige sus derechos para intervenir en la toma de decisiones, aunado a la mala cultura política y deficiente formación que tienen sus presidentes, los cuales se consideran como empleados de paso, sin responsabilidad histórica que solo están para aprovechar los pocos recursos que tiene el municipio, con el fin de beneficiarse a sí mismos y a su gente, de tal forma que se pasan por el arco del triunfo las leyes de transparencia y combate a la corrupción.

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