Desaparición de mujeres

La desaparición de mujeres nos habla de una manifestación de la violencia que ha merecido el repudio de la sociedad hidalguense y que ha sembrado mucha duda sobre el papel de la política pública que representan los gobernantes y que algo está mal porque no funciona en la convivencia social.

En Hidalgo, al igual que en varios estados de la República Mexicana se ha incrementado el crimen organizado, causado por las distintas formas de  violencia intrafamiliar y de lo que se conoce como delincuencia común; este tipo de violencia está deteriorando  la vida y la paz social en el estado.

Hay una clara coincidencia en el interés del crimen organizado llámese tráfico de drogas, secuestro y la desaparición de las mujeres que son actividades delictivas  interconectadas entre sí; es necesario tener en cuenta estas  acciones criminales que ya tienen historia por su alto índice de víctimas, que oscila en más de 134 desaparecidas y en el peor de los casos muertas; la autoridad no ha podido rendir cuentas ante esta situación tan grave en el estado de Hidalgo.

La desaparición de las mujeres en la entidad desde hace varios años se ha etiquetado como secuestro y se debe considerar como un delito grave, ya que presenta características propias como la privación de la libertad por tiempo indefinido aunado al deterioro de la integridad física, causas y circunstancias; se distingue primordialmente por la crueldad, aunado a que se determina por la intensión de intimidar a quienes son considerados familiares de las víctimas y no obstante, se convierte en una interminable agonía que deja en ellos profundas secuelas emocionales.

La desaparición de mujeres en el estado de Hidalgo es un delito de violencia que ha ganado terreno en los últimos años cuyo fin es la extorsión a la familia; el objetivo de la operación de este delito que generalmente realizada en varios niveles de criminalidad y consiste en hacer que la víctima sea un producto para obtener dinero a través de actividades ilícitas en la trata de personas y se da la manifestación dolorosa y visible del crimen de la desaparición de mujeres y con ella genera el medio social y hace sentir  su poder de controlar y proteger a la víctima hasta que deje de cumplir el juego del crimen. Lamentablemente pasan de ser de las miles de muertas, quienes en su mayoría son inocentes y menores de edad.

La desaparición de mujeres nos habla de una manifestación de la violencia que ha merecido el repudio de la sociedad hidalguense y que ha sembrado mucha duda sobre el papel de la política pública que representan los gobernantes y que algo está mal porque no funciona en la convivencia social. Por todo, es inminente la necesidad de exigir y adoptar medidas realmente eficientes para revertir dicha situación y que desaparezca el clima de la violencia que pone en alerta el desarrollo social en el estado de Hidalgo.

Actualmente cualquier hidalguense puede llegar a ser víctima tanto en las ciudades grandes al igual que en las comunidades rurales, puesto que se realiza el crimen en diversas formas. Hay que asumir la responsabilidad y la vigilancia de las instancias públicas y no es justo tolerar o propiciar los gérmenes de los que son las bandas criminales, tampoco es justo culpar buscando responsables para invadir la seguridad social. Para erradicar esta crisis social y pública, es necesario ir a la raíz de la grave crisis de este programa social que aqueja a los hidalguenses.

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