Arrancar campaña, hacer política

El poder y liderazgo forman un matrimonio indispensable en el hogar de la democracia, ambos términos se requieren inexorablemente, de hecho, el auge que han cobrado muchos de los líderes en nuestros días no se entendería sin asumir la crítica que se ha formulado a esa participación, porque los líderes formales no siempre cumplen su papel de enlace entre la sociedad y los problemas puntuales de una porción de esta, para cuidar los intereses y derechos de grupos que se diluyen en el conjunto de su región; en una palabra, para corregir los efectos de liderazgo y de la representación política que supone la llamada democracia, pero también para influir en las decisiones de quienes nos representan en el poder, para asegurar que esas decisiones realmente obedezcan a las demandas de los ciudadanos y a las expectativas del pueblo que integran una región o estado.

La representación será un término insuficiente para darle vida a la legalidad y legitimidad si los líderes siguen trabajando sólo en las elecciones, por ello no significa que los votos sean la única forma plausible de darle reconocimiento a un líder, porque esa forma de liderazgo opera en las prácticas ciudadanas, y es ciertamente indispensable que haya otras formas para llegar al poder más allá de los votos, pero tampoco puede haber liderazgo sin un cuadro básico de representantes políticos.

Realmente los líderes políticos que no obedezcan a las demandas sociales, las carencias y sus expectativas por medio de un trabajo ciudadano y sólo se agota en las elecciones, nunca tendrá suficiencia para entender la dinámica de un verdadero líder.

No hay conceptos de la ciencia política que no hayan sufrido cambios; hoy está ocurriendo un acontecimiento de importancia relevante para el tema que nos ocupa como hidalguense; la próxima contienda electoral del 2016. Todas las palabras que usamos para explicar o criticar a quienes empezaron su campaña y no siempre han sido vistos con el mismo entusiasmo.

A pesar de todo, la idea de arrancar con la campaña electoral a gobernador del estado como lo es el caso de Nuvia Mayorga, Omar Fayad, David Penchyna, Fernando Moctezuma o Carolina Viggiano del Partido de la Revolución Institucional (PRI) y también otros muchos de la oposición como José Guadarrama, Gerardo Sosa, e Isidro Pedraza y si sigo nombrando no alcanzo a terminar.

Es la diferencia fundamental en general del juego político que puede hacer un cambio en el próximo proceso electoral, en el cual no cabe ni remotamente la idea de que ayude  a que los ciudadanos se ocupen a participar e interpretar el motivo de una campaña precipitada y que tuvieran el derecho a participar en la selección de sus gobernantes, pero en eso las autoridades deben cuidar que todas las personas o líderes políticos fueran iguales ante la ley y que gocen de las mismas condiciones.

Vale recordar que la idea de que los procesos electorales formen el núcleo básico del poder y refuercen el perfil del líder, en efecto, a través de su participación y por una larga mudanza de las ideas inolvidables en la ciencia de hacer política y transformación de los líderes. Por otro lado, lo más frecuente y lo más riesgoso es la tendencia a plantear ideas antagonistas.

En consecuencia, arrancar las campañas electorales es hacer política necesaria para obtener la voluntad de ciertos grupos fuera de estar acostumbrados a la mercadotecnia electoral que pueden ser líderes pasajeros sin arraigo político que lleva al poder fallido.

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