Acerca del apóstol

Samuel Joaquín Flores

Fue un hombre inspirador. Fue un hombre íntegro. Fue un hombre amado –y lo será siempre- por los suyos, por los que creyeron a su prédica. Fue el gran apóstol de Jesucristo en estos cincuenta años. Su legado ha traspasado fronteras y su mensaje ha cautivado a millones de seres humanos. El hermano Samuel Joaquín Flores jamás escatimó ni su vida, ni su tiempo, ni su esfuerzo. Predicaba la fe en Jesucristo con toda autoridad y legitimidad, sin dudar nunca. Su trabajo llevó a posicionar a la Iglesia La Luz del Mundo en la primera minoría religiosa en México, a tener presencia en cerca de cincuenta países, a transformar la vida de los creyentes con base en el amor de Dios a la Humanidad. Lo mismo retaba a la Iglesia católica sin recibir nunca respuesta al reto, que escribía cientos de cartas dirigidas a sus creyentes, a sus ministros y a muchos, muchos integrantes de la Luz del Mundo. Toda su vida fue revista de sencillez, de humildad.

En respuesta a tan inigualable trabajo, los creyentes y seguidores de la prédica apostólica del hermano Samuel Joaquín, le amaron, le reconocieron, le respetaron. Entre ellos establecieron una especie de lenguaje que únicamente la Iglesia y él entendían. Ambos lloraban siempre que se veían, siempre que se escuchaban. Se pensaban todo el tiempo y se necesitaban a cada instante. A veces no eran necesarias las palabras o cuando éstas se hacían presentes, la claridad del mensaje transitaba directo al corazón de los creyentes. Era un vínculo perfecto, irrompible, inquebrantable. Era el amor que el apóstol de Jesucristo le tuvo a su Iglesia y el amor que su Iglesia le tuvo a él. Sí, el hermano Samuel Joaquín Flores fue necesariamente indispensable en la vida de los creyentes y su ausencia ha corroborado tal condición.

La Luz del Mundo siempre será conocida por la grandeza del trabajo del hermano Samuel Joaquín Flores porque, a pesar de los opositores y del denigrador, siempre superó sus propios alcances, incrementó sus metas, consolidó su propio esfuerzo a favor de los más necesitados. La Luz del Mundo fue reconocida por propios y ajenos porque la voz de un solo hombre movía a miles, miles de creyentes. La disciplina, el credo, el culto, la oración, la organización, el organigrama, los ministerios, las disposiciones internas, las relaciones hacia el exterior de la iglesia, la identidad, todo, absolutamente todo, lo determinó el apóstol de Jesucristo.

En sus decisiones, no sólo benefició a los creyentes de su prédica, sino al entorno social, económico, cultural de las colonias o las zonas geográficas alrededor de la Luz del Mundo. La Hermosa Provincia, colonia modelo al oriente de la ciudad, se convirtió en un centro económico que mejoró, directa o indirectamente, la vida de los ciudadanos.

El día de ayer, el hermano Samuel Joaquín Flores fue llamado por Dios al descanso eterno pero su legado perdurará para siempre.