Sara S. Pozos Bravo

Sincretismo

La obra del artista Ismael Vargas denominada Sincretismo, en Guadalajara, Jalisco, ha provocado intensas reacciones, algunas de ellas mal interpretadas y otras influenciadas por corrientes de pensamiento que poco se entienden.

La corriente de pensamiento que armoniza ideas opuestas, o que funde en nuevos conceptos, es lo que se denomina sincretismo.

Así, Vargas materializa esos símbolos religiosos de distintas civilizaciones en una obra que fusiona creencias en un lapso de tiempo y en una nación específica.

Durante cientos de años, la forma de imponer las creencias tuvo básicamente tres estrategias:

la primera, con base en la fuerza; la segunda, a través de la coacción; y la tercera, a través del sincretismo. Como ejemplos básicos de estas estrategias seguidas e implementadas por la Iglesia Católica a lo largo de cientos años, bien pudiéramos citar Las Cruzadas, la Inquisición y el caso mexicano, respectivamente. Es decir, esta forma de imposición de creencias no es nuevo y el caso mexicano -quizá como pocossincretiza de forma clara, una fe sobre una creencia, dando origen al culto guadalupano.

Pero precisamente el desconocimiento de estas cosas ha llevado a un grupo de ciudadanos, no solo a expresar su disentimiento respecto de la obra y del programa municipal que da origen a la obra misma, sino incluso a amenazar con mantas colocadas en lugares públicos al más puro estilo del narcotráfico, a Enrique Alfaro, presidente municipal de Guadalajara.

Ante esta circunstancia, el programa en sí pasa a tercer término para ubicar en primer lugar, la evidente falta de cultura y distinción de lo artístico de lo estrictamente religioso por parte de este sector de la población que se siente afectado, y en segundo lugar, la exacerbada disidencia más allá del descontento social propiamente dicho. Es decir, ante la falta de cultura y el criterio básico para distinguir entre el no estar de acuerdo con la obra artística con lo estrictamente religioso, es necesario no exceder las fronteras de lo estrictamente permitido como disenso a lo públicamente publicado como amenaza. Y me parece que el exceso ha sido más que evidente.

Quizá, si el ciudadano que no está de acuerdo con la obra de Vargas, conociera la historia misma de su propia fe y cómo los conquistadores españoles, efectiva y realmente llevaron a cabo una estrategia de sincretismo religioso que justificara una nueva fe católica, no estaríamos discutiendo la obra del artista. Quizá, si fuéramos capaces de entender el arte y su concepto y separarlo de la religión mediante la razón, no se habrían colocado las mantas que lamentablemente se hicieron públicas contra Alfaro.

Las obras de arte que se estarán colocando en la ciudad de Guadalajara pueden o no ser del agrado de un indocto como quien teclea estas líneas pero constituyen una apuesta por el arte, la cultura e incluso, una nueva forma de ver y vivir la ciudad. En otras latitudes del planeta, las obras de arte -raras o no, estéticamente bonitas o no- son parte del atractivo principal del turismo pero de manera inexplicable, Guadalajara parece ser un espacio en el que la intolerancia hacia lo diferente es la regla y no la excepción.