Sara S. Pozos Bravo

Los magos que no eran reyes

Los magos de Oriente son personajes citados en la Biblia y más concretamente en el Nuevo Testamento. Es poco lo que se sabe de ellos. Se ignora cuántos eran y de qué tierras procedían. Sólo se sabe lo que cuenta el Evangelio de Mateo 2:1-2; 11. El término griego (mago), no era utilizado únicamente para referirse a los hechiceros. En este caso, el término se utiliza para referirse a hombres sabios (según las diversas versiones de la Biblia en inglés) o, más específicamente, a hombres de ciencia. Los magos (que no eran reyes), también poseían conocimiento de las Escrituras (Mateo 2:5-6). Aunque bien intencionados, la visita de los magos causa turbación general y despierta desconfianza en Herodes (Mateo 2:3), pues veía al Nuevo Mesías como su potencial rival. A pesar de ser anciano y haber reinado por más de 30 años, Herodes les ruega a los magos que averigüen el sitio preciso del nacimiento del Mesías (Mateo 2:8), con el fin de poder acabar con su competidor. Los sabios, que no sospechan eso, encuentran al Niño, lo adoran y obsequian oro, incienso y mirra.

A partir de esta narración, la Iglesia católica ha ido elaborando una leyenda sobre los hechos y la personalidad de estas tres figuras que son mencionadas en la Biblia. La primera vez que surge el nombre de los magos (que aún en el siglo VI no han sido llamados “reyes”), es un friso ubicado en la iglesia de Apolinar Nuovo, en Rávena, Italia. Sin haber datado, la decoración que representa una procesión religiosa supone la fecha del siglo VI. En esta procesión se encuentran tres personajes vestidos a la moda persa, tocados con un gorro frigio. Encima de las cabezas de estas personas se pueden leer tres nombres: Melchor, Gaspar y Baltasar.

Así como hay diversas leyendas en torno a la tradición de los “reyes magos”, también hay diferentes versiones sobre el número y el nombre de los personajes principales de esta tradición. En algunos años, se habló de 4 integrantes, y luego de 8, y posteriormente de 12. Con el tiempo, en España y en otros países de tradición católica, se adoptó la costumbre de celebrar al mismo tiempo el día de la Epifanía (el 6 de enero, fiesta de origen oriental que anuncia el nacimiento de Jesucristo) y la festividad de los, ahora ya hasta el siglo X llamados “Reyes Magos”, conjugándose así la manifestación de Jesús al mundo no judío con la fiesta de estos personajes que representan justamente ese mundo de los gentiles.

El establecimiento del 6 de enero como fecha para celebrar esta tradición que, dicho sea de paso, nada tiene qué ver con el relato bíblico de Mateo, sugiere un reajuste de cuentas entre el mundo Oriental y el mundo Occidental. Además, es clara evidencia del sincretismo practicado por la Iglesia católica, mezclando o adecuando creencias paganas con las prácticas católicas. Los magos a los que se refiere la Biblia, ni eran reyes ni eran tres. Las implicaciones de haber tergiversado el pasaje bíblico sugieren sólo una cosa: establecer prácticas, ceremonias y creencias completamente anticristianas.

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