Sara S. Pozos Bravo

“Las plumas de la serpiente”

El título de estas líneas es de Mardonio Carballo, colaborador en el programa de Carmen Aristegui. La colaboración de Carballo de la semana pasada, en vísperas de la rueda de prensa del procurador Murillo Karam en la que informaría lo que hoy es del escrutinio público respecto de los 43 normalistas desaparecidos. Su reflexión me fascinó y con autorización del autor reproduzco en texto lo que su voz dejó dicho hace unos días.

“¿Y si rezamos con los pies?, ¿y si ser agnóstico no basta?, ¿y si ser creyente no basta?, ¿y si creer en Dios no basta?, ¿Y si ser un hombre de a pie que se ofende, no sirve de nada?... Y sin embargo, aquí estoy sintiendo… y sin embargo, parece, que ante lo imposible, hay gente que está dispuesta a seguir sintiendo. Pero hay gente que no. Porque sí… si a alguien le arrebatan al otro, no se puede permanecer incólume.

“Hace 15 años desapareció Rosaura Vera Carballo, mi sobrina. Nadie sabe dónde está. Nadie sabe dónde anda. Peor aún, nadie sabe si está viva. Nadie sabe si sufrió… nadie sabe si la violaron. Nadie sabe, nadie nada y, sin embargo, nuestras lágrimas son tantas como aquellas que demostraron que en este país, que su sistema, que su aparato que pagamos con nuestros impuestos, se puede desaparecer a aquellos que nos son incómodos, se puede desaparecer a aquellos que son desaparecibles, aquellos que son pobres y no merecen nuestra atención, nuestra indolencia.

“Porque sí habría que decirlo. Este país desprecia a los que son pobres y por ello se les endilga epítetos indignos: Sí, ayotzinapos, oaxacos, indios bajados del cerro a tamborazos… y sí, los más pobres en este país son los integrantes de los pueblos indios, y sí, son los mismos a los cuales los progresistas de este país, no dudan en no mirar, en no cambiar su léxico […] pobres ricos porque contraviniendo a la lógica nacional, México no es pobre, basta ver la vida de los burócratas de lujo que mantenemos día a día y cuya propensión a estar más lejos de nosotros se cultiva cada que sale el sol.

“Habrá que cambiar eso. Habrá que exigir día con día que no se sientan a salvo del escrutinio. Pagamos un sueldo alto, sí. Su casa, sí. Lejos de la casa nuestra, la pagamos nosotros, así que sin pudor exijamos… que nos rindan cuentan todo el tiempo, todos los días. Que no se sientan a salvo del ojo nuestro. Nuestros impuestos, lo valen […].

“Y sí, señor presidente. No queremos que se vaya. Ya se fue Aguirre, ya se fue Abarca… a usted le corresponde darnos respuestas porque, aunque no todos estuviéramos de acuerdo, respondimos y correspondimos a las reglas del juego. A usted lo votó la mayoría de los votantes y así se construye la democracia. Así que, lo menos que esperamos, es que usted nos dé resultados. Eso esperamos en este país que nos está doliendo y ofendiendo hasta los huesos”.

La indignación de un país agredido por sus gobernantes tiene un límite. Al parecer, el nuestro ya ha sido rebasado. Y ni el fútbol nos distrajo esta vez.

 

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