Sara S. Pozos Bravo

El peor lugar para vivir

Es México. Al menos, de acuerdo con una medición de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE). Los mejores países para vivir son Australia, Noruega, Suecia, Canadá y Estados Unidos. La OCDE está integrada por treinta y cuatro países y nuestro país ocupa el último lugar. Menos “pior” que nuestro país está Eslovaquia, Polonia, Hungría y Turquía. El estudio de la OCDE también analiza algunas regiones (no sólo países) y nuestro país ocupó el primer lugar de las 10 peores regiones para vivir en el mundo.

El estudio mide los aspectos fundamentales de la vida cotidiana que, a su vez, pueden ser considerados como indicadores de la calidad de vida en cada uno de los países miembros de la OCDE. Los criterios fueron: educación y salud, tener trabajo, un buen sueldo, vivir en un ambiente sano, participación ciudadana, accesibilidad de los servicios públicos y tener una vivienda. La escala de medición es relativamente sencilla: del uno al diez, en donde uno es el peor y el diez es el mejor.

Los resultados para nuestro país en cada una de los criterios anteriores fueron los siguientes: educación 0.3, trabajo 6.8, buen sueldo 0.4, seguridad 0.0, salud 1.5, buen ambiente para vivir 5.7, participación ciudadana 0.4, accesibilidad de los servicios públicos 0.0, vivienda 0.0. Si comparamos los resultados para Australia, las gráficas son rotundamente escandalosas. El criterio que menor calificación obtuvo fue el de educación con 6.6 seguido de 7.2 para accesibilidad de servicios públicos, 7.3 para buen sueldo o ingresos suficientes 8.4, empleo 8.7, salud con 9.0, vivir en un ambiente sano con 9.5, seguridad con un altísimo 9.8 y, finalmente, con un 10 se encuentra el tema de participación ciudadana.

Algunas posibles conclusiones de este estudio saltan a la vista: un buen gobierno también promueve y genera condiciones para la participación política de sus ciudadanos. Este es un tema fundamental en cualquier país democrático. Dicho desde la perspectiva del gobernado, si los ciudadanos de un país no se involucran en las decisiones políticas de sus gobiernos, estarán destinados a tener malos gobiernos pero el gobierno debe generar las condiciones jurídicas, sociales y políticas para garantizar que el ciudadano, en todo momento, tenga la opción de participar si así lo desea.

Nuestra historia, y sobre todo, la historia inmediata del ayer, del mes pasado, nos ha enseñado que los gobernantes poco o nada les importan sus ciudadanos. El crimen de estado cometido en Guerrero es la más clara señal de cómo, el mismo gobierno, viola nuestros derechos. Si bien este caso es el que mayor indignación ha causado, también es cierto que no es el único. Y también es verdad que habría que diferenciar cuántos restos en fosas comunes se encuentran del crimen de estado ordenado por el antes munícipe de Iguala.

Así que, las estadísticas y los estudios internacionales, simplemente sustentan lo que ya sabíamos: que estamos mal y de malas.

 

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