Sara S. Pozos Bravo

Los otros “no se olvida”

La nuestra, es una historia de traiciones, de deslealtades, manchada con sangre y muerte. Los capítulos vergonzosos en los que el poder político ha amancillado aún más a los pobres y desprotegidos son cada vez más. Estos episodios están en la historia antigua de nuestra nación pero también en la historia moderna. Fueron hace muchos años pero también hace pocos días. Los hizo un partido político pero también otro. Los artilugios y las estrategias que han utilizado los bastardos que han marcado nuestra historia, se transforman según los tiempos y según los políticos pero al cabo la traición es la misma. Estos son algunos episodios que no debemos olvidar.

Uno, sí, está el 2 de octubre y la terrible matanza en Tlatelolco que sigue sin hacer justicia a tantos desaparecidos aquella noche, en donde el Estado mexicano ha sido incapaz de asumir la responsabilidad y el deber de llegar hasta las últimas consecuencias contra quienes fueron los responsables del asesinato de miles de jóvenes. Dos, la matanza de Acteal, en donde un grupo de paramilitares llegó a la comunidad evangélica para asesinar a sangre fría a más de 40 evangélicos. Nadie ha sido castigado por esas muertes. Tres, la reforma constitucional del artículo 24 y los numerosos políticos que traicionaron la confianza de los ciudadanos. Cuatro, el caso Ayotzinapa con la desaparición de 43 normalistas y el asesinato de siete más. Un tema de estos días cuyo caso, extrañamente, no ha sido atraído por la Procuraduría General de la República. Cinco, el caso Tlatlaya y la presunta orden de un coronel del Ejército Mexicano para asesinar a los pobladores y luego montar una escena mediática. El tema se investiga. Seis, el incremento a la gasolina autorizado por los diputados de las legislaciones pasadas y sus mochadas a cambio de asignación de recursos a las entidades federativas. Siete, la utilización de manera discrecional de recursos públicos para posicionar la imagen de posibles candidatos, en franca rebelión contra los principios elementales del Estado moderno: la transparencia. Ocho, la movilización y manifestaciones del gigante que estaba dormido –los estudiantes del Politécnico- que nos han dejado un gratísimo sabor de boca y que han ayudado a la democracia de este país echando abajo el reglamento y logrando la renuncia de su directora. Todo, de manera pacífica y obligando al gobierno de Peña Nieto a “bajarse” de las alturas y escucharlos. Nueve, el apoyo que los estudiantes de la UNAM dieron a los del Politécnico. Los hizo ver más fuertes porque unidos así lo son. Les recordó a los políticos que ellos trabajan para nosotros y que deben de escucharnos durante todo su mandato. Y nos recordó, a la sociedad mexicana, que con mucha organización y alianzas estratégicas, se pueden lograr mayores avances. Diez, la lucha permanente de la iglesia católica por recobrar privilegios perdidos. Si algo la distingue es la perseverancia, así que no descansará hasta alcanzarlos.

 

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