Sara S. Pozos Bravo

El obispo de Cancún y la alerta de género


Por qué las mujeres tienen que ser diferentes?" y "¿por qué su muerte no es un homicidio como todos?", preguntó el obispo de Cancún, Pedro Pablo Elizondo Cárdenas, más con la intención de cuestionar la eventual puesta en marcha de la alerta de violencia de género en aquella entidad del sur del país. En realidad, la pregunta debería de ser ¿y por qué no hacerlo? ¿Por qué no diferenciar el asesinato de una mujer mayormente cuando hay muchos de estos en un periodo corto de tiempo? A manera de respuesta a estos planteamientos, esbozo las siguientes líneas.

La intención de estos mecanismos diseñados por los gobiernos pretende alcanzar tres objetivos. El primero de ellos, evitar que asesinatos contra mujeres se incrementen; el segundo, reconocer la existencia de la violencia generalizada contra la mujer, por el solo hecho de serlo; y el tercero, contribuir al establecimiento de una cultura de la igualdad en derechos auténtica, real. Normalmente, los gobiernos echan a andar estos mecanismos cuando de manera extraordinaria, comienzan a presentarse incrementos considerables de desaparición y asesinatos de mujeres, en un periodo de tiempo relativamente breve. Las alertas de este tipo no resuelven el problema de fondo pero advierten sobre la gravedad del mismo y, sobre todo, intentan evitar que cuerpos de mujeres tengan que ser llevados a la morgue.

Por eso, la declaración del obispo sugiere, primero, un desconocimiento total sobre el tema. Por supuesto que un homicidio es un homicidio, pero cuando el número de estos se incrementa, el gobierno debe de saber por qué sucede eso. Y si el número de homicidios mayores a los "normales" está relacionado con mujeres, entonces existe algo llamado "violencia de género", por la que se vuelve urgente el decreto o puesta en marcha este tipo de mecanismos. Por eso, agrave más la declaración del obispo la casi evidente especie de misoginia en el lenguaje. El prelado parecía indignado porque a la mujer se le ha considerado diferente, cuando esa diferencia –si nos remitimos a la Biblia- fue establecida por Dios, algo que parece ignorar el representante del catolicismo. Luego, para disfrazar su ignorancia en el tema, dijo: "el inconveniente es cuando ellas quieren ser iguales, y a veces al marcar esas diferencias, luego salen perdiendo, o sea, con tal de que no salgan perdiendo las mujeres es bienvenida".

Así que por un lado, no quiere que las muertes de las mujeres se consideren de manera aparte; y por otro lado, tampoco quiere que las mujeres pretendan exigir igualdad en sus derechos. Entonces ¿qué quiere el obispo? Quizá, lo primero que habría de hacer el prelado, es reconocer que Quintana Roo ocupa el 13 lugar a nivel nacional en feminicidios y el primero en violaciones y violencia contra la mujer. De acuerdo con el Sistema Nacional de Seguridad Pública, de enero 2014 a octubre 2015 se denunciaron oficialmente 903 casos de violación sexual contra las mujeres en esa entidad. ¿Y aún así considera innecesaria la alerta de género?

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