Sara S. Pozos Bravo

Un nuevo año

Uno a uno, los días del 2016 fueron pasando. Sólo nos queda el de hoy y pasa tan rápido como los demás. El 2016 fue grato en demasía, al menos para una servidora. La paz y felicidad, los proyectos y el trabajo, sobreabundaron. Por eso y mil razones más, mi gratitud es hacia con mi Dios.

El año nuevo advierte de complicaciones económicas y sociales. El caos y la indignación abundan en las redes sociales. Los ciudadanos, copian y pegan textos de reclamos, de molestia, de frustración. El alza en las gasolinas ha trastocado a las clases durmientes, esas que sólo de vez en cuando emiten un gemido de inconformidad. Al parecer, ese gemido se quiere escuchar. Otros, conociendo las intermitencias ciudadanas, prefieren ignorar esos llamados a marchas y manifestaciones. Al final, las cosas seguirán como hasta hoy aunque con algo más de molestia social.

La realidad del mexicano va más allá de su momento de indignación. La pobreza como sistema ha beneficiado a generaciones de políticos sin escrúpulos. Antes de resolverla, prefieren perpetuarla, porque sin esta pobreza el discurso político no tendría mayor sentido. De manera que la medida tomada para la liberación del precio de la gasolina contribuirá a profundizar la pobreza en la que más de la mitad de la población mexicana vive. Así, la realidad que cientos de familias en este país tendrán que enfrentar, las convertirá al mismo tiempo en el pretexto perfecto para nuevas campañas políticas.

El futuro inmediato es desalentador. Al menos así se vislumbra desde muchas trincheras. Sin embargo, contrario a lo que todos predicen, convendría reflexionar sobre la oportunidad que tal adversidad representa. Desde el punto de vista de la fe –la mía, por supuesto-, anteponer a los datos duros que advierten más crisis económicas la creencia y confianza en Dios, daría al menos tranquilidad al ser humano. Puede que alguien discrepe y argumente que Dios no enviará dinero del cielo –o de la tierra- para resolver las necesidades económicas, pero ciertamente, el ser humano que cree en un ser superior, también reconoce en pequeñas o grandes acciones la intervención de Dios a su favor. Al hacerlo, entiende y reconoce que lo que obtiene en todos los sentidos, es porque Dios ha querido proporcionárselo. Ante esto no hay prueba científica y por eso es fe, pero esta fe encuentra razones y argumentos para sostenerse, porque transforma la adversidad en esperanza, la dificultad en oportunidad, la pobreza social en riqueza de espíritu.

El año que está por iniciar traerá consigo muchas dificultades pero también oportunidades. Añadirá retos a las vicisitudes existentes. Pero quizá eso represente una oportunidad para buscar al Creador de todas las cosas y encontrar en la fe la fortaleza para seguir ante las adversidades. Arroparse de la fe, la esperanza y confianza en las promesas de Dios hechas a sus elegidos, distinguirá a los creyentes auténticos al ver el cumplimiento de tales promesas. Esta es la fe y prédica de la Luz del Mundo y por eso puedo desearles, desde este espacio, un muy feliz y próspero año 2017. 

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