Sara S. Pozos Bravo

En el nombre de Dios

Nada más aberrante que usar el nombre de Dios para justificar las atrocidades del hombre. Tal justificación es la constante de las mentes más atroces en épocas medievales y en épocas modernas. Lo mismo las ha habido en el catolicismo que en el islamismo o en el judaísmo. Lo más lamentable es que sigan, existan y se reproduzcan los discursos irreverentes como el del líder fundamentalista islámico nigeriano que ha llamado la atención del mundo entero tras el secuestro de 200 niñas hace unas semanas. Hace un par de años, Abubakar Shekau difundió un video con el siguiente mensaje: “Disfruto matando a todo aquel que Dios me ordena que mate…”

La mentalidad retrógrada de Shekau ha instaurado el horror de esas formas maléficas que justifican sus delitos en supuestos actos revelados de Dios a esos tipos. La utilización de la fe para fines perversos no es nuevo pero es incomprensible que, situaciones como el secuestro masivo de niñas en Nigeria, en plena era de la información, haya pasado desapercibido por el mundo y por el mismo gobierno nigeriano. Lo anterior supone, invariablemente, la complicidad de un gobierno que no deja de ser corrupto pero que tarda en reaccionar tres largas semanas después del secuestro. O de un gobierno que lleva más de cinco años dejando hacer y deshacer al antojo de la secta fundada por Shekau, BokoHaram, al grado de dejar en estado de excepción a algunas provincias nigerianas.

El nombre de la secta no deja de tener connotaciones ideológicas. Traducido al español, BokoHaram significa “la educación occidental es pecado”. Con ese principio fundamentalista y erróneo, en 2002 Mohamed Yusuf crea la organización con el objetivo de propagar la yihad y crear un estado islámico en Nigeria. En 2009, Yusuf muere y es sucedido en la dirección de la secta, Shekau. Entre los datos más escalofriantes que ahora el mundo comienza a conocer, se encuentra la muerte de más de 1500 personas en lo que va de 2014, que sumados a los más de 3,500 desde 2009, convierten a la secta nigeriana en la más peligrosa y con mayor influencia en la presente década.

Nigeria se debate hoy entre el avance a la precaria democracia, los rebeldes fundamentalistas y un gobierno que no termina por encontrar la forma más adecuada de cambiar el presente de esa república africana. Hoy, el mundo voltea a ver las atrocidades de aquellas mentes enfermas que culpan a Dios de sus aberrantes delitos. Hoy el llanto de un pueblo asolado por las dictaduras, los regímenes militares, los golpes de estado, la pobreza como sistema y los gobiernos corruptos, se escucha allende sus fronteras. Hoy, el clamor de justicia y la ayuda de los gobiernos “democráticos” no se hace esperar. Hoy, Nigeria es noticia mundial pero seguramente pronto se olvidarán las barbaridades que, en nombre de Dios, se vienen haciendo en aquella parte del mundo y pese a que se está llevando a cabo un genocidio religioso en franca violación al derecho internacional humanitario.

 

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