Sara S. Pozos Bravo

La fe de La Luz del Mundo

Se agiganta. Sobresale. Es evidente y eso la hace admirada aún más en estos días difíciles y de dolor que ha estado pasando. La Luz del Mundo ha sido vista por propios y extraños. Su grandeza se debe al innegable e incuestionable trabajo que realizó el apóstol de Jesucristo, hermano Samuel Joaquín Flores durante 50 años de administración apostólica. La fe de los hermanos de La Luz del Mundo es en Jesucristo y su fe los ha movido miles de kilómetros. Por la fe han dejado sus trabajos, las escuelas, sus ocupaciones, sus negocios, sin dudarlo y sin pensarlo dos veces, porque han sido felices en esta fe que llegara hasta ellos por la predicación del hermano Samuel Joaquín.

El lunes de esta semana, los creyentes de La Luz del Mundo, con el dolor y el llanto a flor de piel, comenzaron a llegar a Hermosa Provincia y durante toda esta semana la escena siempre fue la misma: dolor y llanto pero certeza y seguridad al mismo tiempo; tristeza y angustia pero fortaleza y consolación; rostros afligidos pero pacientes; miradas llenas de lágrimas y al mismo tiempo llenas de esperanza; momentos de inimaginable angustia pero confiados en las promesas bíblicas hechas por Dios.

Porque la prédica apostólica del hermano Samuel les enseñó a confiar en Dios, a tener esperanza, a ser fortalecidos en esa esperanza, a esperar pacientemente la respuesta de Dios, a aceptar los designios del Creador que, ante el momento de la separación física del hermano Samuel, parecían inexplicables. También les enseñó a orar; a amar a Dios por sobre todas las cosas; a amar a Jesucristo, el hijo de Dios, únicos seres dignos de adoración; a seguir la doctrina del maestro de Nazaret revelada en estas décadas al hermano Samuel; a amarse los unos a los otros; a ser congruentes entre los principios cristianos y la práctica humana.

Y justo eso que durante cincuenta años el hermano Samuel les transmitió, es lo que les ha mantenido en espera del consuelo y fortaleza de Dios, toda esta difícil semana en la que, al mismo tiempo, se han despedido de quien fuera en vida el apóstol de Jesucristo. Y esa fortaleza les será requerida para el día de mañana porque acompañarán a quien fuera su guía, su lámpara, su maestro, su instructor, a su última morada.

Los creyentes de la Iglesia La Luz del Mundo no se preocupan por el mañana, ni en saber quién habrá de dirigir el destino de tantos creyentes. Ese es un asunto de Dios y es en el Creador en quien depositan su confianza, y su esperanza y fortaleza, la encuentran en la oración a Jesucristo. Así fue durante toda la administración del hermano Samuel Joaquín y así ha sido toda esta semana, la más difícil de sus vidas, la que ha cambiado sus vidas.

Mañana, cuando llegue el inevitable momento de llevar hasta su última morada el cuerpo del hermano Samuel Joaquín, el corazón de los creyentes sellará con amor el recuerdo de tan inigualable trabajo. Y ahí, en el corazón, vivirá el apóstol de Jesucristo, Samuel Joaquín Flores.

 

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