Sara S. Pozos Bravo

¿La excomunión de un ex diplomático?

En plena fiebre futbolera pasó. Un diplomático del más alto nivel fue separado de su cargo. Lo hizo una de las instituciones del Vaticano, la denominada “Congregación para la Doctrina de la Fe”. El nombre del ex nuncio apostólico (embajador del Vaticano) es Josef Wesolowaki. La noticia le dio la vuelta a las redes sociales y más de algún medio de comunicación a nivel nacional la retomó. Aunque inusual, y muy, muy al estilo del Vaticano, la noticia es engañosa.

La citada Congregación ordenó separar del sacerdocio a tal Josef porque las investigaciones penales en la Dominicana lo han cercado y porque el Vaticano mismo dispone de información privilegiada en sus manos, a tal grado que ha decidido desproteger al funcionario diplomático. El tema, para no variar en un jerarca de tan alto nivel, es el del abuso sexual. Despojado del sacerdocio, Josef podrá apelar al derecho canónico para apelar la decisión y, en caso tal, solicitar la reivindicación de su ministerio. Si resulta ser hallado culpable por la justicia vaticana, la Santa Sede procedería a entablar un juicio –bajo la norma del derecho canónico- y ser extraditado a República Dominicana, si y solo si, ambos países tiene firmados Concordatos y, específicamente, tienen firmados recursos legales para entablar la extradición de un diplomático de ese nivel.

Aunque el tema fue puesto mediáticamente por el mismo Vaticano, la reacción y duro cuestionamiento no se hizo esperar porque el Papa argentino –que normalmente olvido su nombre religioso- había prometido establecer la política de “Tolerancia Cero” a sacerdotes acusados de abuso sexual. Dicha política, al menos desde que es Papa, se ha quedado en discurso verbal y no ha trascendido a los países en donde más casos de menores sexuales se presentaron. En el tema de la justicia, las víctimas que dieron a conocer los casos de sacerdotes abusadores, siguen en espera de que la justicia llegue no con una declaración mediática ni con un “mea culpa”, sino con acciones que revelen y dejen en manos de la justicia internacional a los sacerdotes culpables.

En este contexto el organismo en casos de tortura en Naciones Unidas, había pedido al Vaticano que cooperara con los casos de sacerdotes pederastas. Entre otras cosas, pidió que estableciera su propio mecanismo para detectar y atender el tema cuando llegase a presentarse. La presión internacional y de Naciones Unidas va en aumento contra El Vaticano, estado del que se espera haga suyos los compromisos internacionales y deje de dar cabida a delincuentes arropados con alzacuellos blancos.

No obstante la noticia, separación no implica excomunión. En este sentido, El Vaticano, al separar del sacerdocio al ex nuncio, sigue teniendo entre sus filas a hombres que ha protegido a lo largo y ancho de sus estructuras, abusando de su propio poder y dando la espalda a los más desprotegidos. La historia será quien los juzgue pero hay que dejar evidencia de tales atrocidades.

 

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