Sara S. Pozos Bravo

Del dolor a la esperanza

Del grito que desgarró el alma a la tranquilidad que trae la esperanza. Del llanto que parecía incontenible a aquel que se transformó en paz. De los momentos de dolor que parecían no terminar a los momentos de felicidad que nadie quería que acabaran. Del miedo a la soledad al sublime instante de la compañía. Del segundo en el que la fe parecía ser insuficiente al minuto en que la fe lo llenó todo. Del día de la separación física del apóstol de Jesucristo, hermano Samuel Joaquín Flores, al mismo día del llamamiento al apostolado del hermano Naasón Joaquín García.

Justo cuando lo más material y humano como es la muerte se presenta ante el creyente que en ese momento se sabe en la incertidumbre total y que, frente a ese instante en el que parecía no haber mañana ni futuro hubo necesidad de echar mano a todas las enseñanzas espirituales que fortalecieran su alma, algo tan impensable como imposible se deja ver, se hace presente y entonces, ante lo increíble e inexplicable para el ser humano, se deja ver con todo el poder de la fe en el corazón de los creyentes. Porque para creer se necesita fe. Porque para entender se necesita analizar con el intelecto y la razón. Y cuando estos dos elementos se combina, cuando la fe se razona, el fanatismo no existe, porque la fe tiene razones que la razón a veces no entiende o no encuentra, pero eso no quiere decir que no sea fe.

Eso fue lo que sucedió hace unos días en La Luz del Mundo, en Hermosa Provincia. Fue vivir, ver, sentir cómo el presente parecía acabar con el futuro de la Iglesia La Luz del Mundo. Fue la mayor prueba de fe que jamás se había experimentado en los cincuenta años de administración apostólica del hermano Samuel Joaquín Flores. Fueron los días en los que, de manera práctica, la fe fue exigida. Había que practicar el amor al prójimo, la hospitalidad, el perdón, la oración, el cuidado a los visitantes; había que ofrecer alimentos gratuitos, cobijo, consuelo, confortación.

Ahora, bajo la administración del hermano Naasón Joaquín, apóstol de Jesucristo, los miles de creyentes de La Luz del Mundo se saben seguros, cuidados y protegidos. La palabra del apóstol de Jesucristo, ha consolado a cientos de miles de creyentes que sentían el dolor por el llamado de Dios al descanso eterno del hermano Samuel. La tormenta ha pasado y el futuro de La Luz del Mundo es palpable. En este sentido, las primeras palabras del apóstol de Jesucristo, hermano Naasón Joaquín, transmiten esa seguridad: “Hoy comienza una nueva era de triunfos, de victorias y de Gloria para Dios”.

Todo es un tema de fe. Quizá por eso, Sholem Asch –escritor judío- escribió en su libro Mi Creencia, hace casi cien años, lo siguiente: “Estoy plenamente convencido de que todas las veces que nos trasladamos del momento actual al próximo es un poder divino y no natural el que nos ha ayudado a cruzar el umbral, pues dar un paso en el futuro sin fe es imposible”. Y la Luz del Mundo lo ha vivido estos días.

 

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