Sara S. Pozos Bravo

Un banco religiosamente correcto

Eso se pretende con el cambio. Se espera que ese banco deje de blanquear dinero a través de las “obras” de las organizaciones católicas. Se espera, también, que se transparente el cómo la Santa Sede recibe –y cuánto recibe- de las iglesias nacionales. Todo un arte el tema de los recursos sacros que llegan al banco del Vaticano. Un tema que –aseguran diversas fuentes- ha generado redes globales de blanqueo de dinero durante décadas.

Hace unos meses, en este mismo espacio, escribí sobre esas redes de corrupción y blanqueo de recurso. En este lapso de tiempo –poco más de un año- una comisión denominada el G9, diagnosticó la existencia de más de tres mil cuentas sospechosas, que a estas alturas ya fueron cerradas. El tema, aunque no era nuevo, sí lo era el hecho de que el entonces nuevo Papa, diera síntomas de querer realizar cambios significativos al interior de la poderosa curia romana y del mismo banco vaticano.

La renovación del banco del Vaticano, cuyo nombre oficial es el Instituto para las Obras de Religión (IOR), inició con la llegada del Papa argentino, aunque fuentes periodísticas sugieren que fue Benedicto XVI quien comenzó la reestructuración. Fuera quien fuere, el caso es que la última medida de limpieza del IOR fue el nombramiento del francés Jean-Baptiste de Franssu, quien, desde esta semana, reemplaza al alemán Ernst von Freyberg, como presidente del IOR. El banco dejaría de ser algo así como un OPD religioso y estaría sujeto al recién creado ministerio de Economía del Vaticano.

A decir del Vaticano, todas las medidas significativas que ha tomado el Papa Francisco, son para que el banco se dedique exclusivamente a “servir a la iglesia”, a empleados y a entidades católicas. Las medidas de control están por todos lados y la inversión para implementar esas medidas asciende a más de un millón de euros. Dinero que, por supuesto, pone el Vaticano quien, sin embargo, sigue siendo reacio a transparentar y hacer pública la información relacionada con los nombres y montos de las más de tres mil cuentas cerradas en lo que va del año. Aunado a lo anterior, muy débiles son las respuestas del Vaticano en el sentido de dar a conocer los estados de cuenta de las finanzas de la Santa Sede, el origen de los recursos, la aportación de los gobiernos y estados, entre otros factores.

Al menos en el portal del IOR, los clientes oficiales de la iglesia son los hospitales y escuelas; los activos ascienden a 5.9 billones de euros y el capital es de 7 mil millones de euros. El banco tiene 115 empleados y el número de sus clientes es de 17,400 en todo el mundo. Apenas en 2009, el Vaticano adoptó como moneda oficial al euro, comprometiéndose a implementar, mediante transposición directa o medidas equivalentes, la legislación europea. Así que, la “buena voluntad” del Papa Francisco es más bien la obligatoriedad de cumplir con la legislación europea contra la corrupción, el lavado de dinero y el financiamiento al terrorismo.

 

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