Sara S. Pozos Bravo

El Tío Sam, las multinacionales y el empleo

Se le rebelan al Tío Sam. Miles de empleados que, aunque mal pagados allá, tienen derechos. Hablan de tener sindicatos y mejores salarios porque las grandes cadenas de comida rápida, pagan mal del otro lado del río. Están mal las comparaciones y máxime cuando lo hacemos con ellos pero las diferencias son abismales. Un empleado de una de estas cadenas gana allá alrededor de 6 dolarucos POR HORA (así, con mayúsculas). Eso quiere decir que si el trabajador hace 40 horas a la semana, estaría ganando alrededor de 240 dólares a la semana. El equivalente en pesos mexicanos serían, aproximadamente, $3,000.00 por semana. Al mes, más o menos, un trabajador de estas cadenas de comida rápida allá estaría ganando $12,000 pesos. Evidentemente, ese sueldo jamás lo ganarían aquí.

Pero México no es Estados Unidos y ahora, ese país tiene problemas porque la gente que trabaja en esas cadenas, está exigiendo que se le pague $15 dólares la hora. Más del doble de lo actual. Pero estos trabajadores no sólo están exigiendo un incremento salarial sino que, además, están exigiendo un sindicato que los represente y defienda sus derechos.

Tal manifestación (en más de 150 ciudades de la Unión Americana) no se había visto en muchos años en el vecino país del norte, hasta que en 2012, comenzaron las exigencias. De 6 dólares comenzaron a ganar el mínimo, 7.25. Y ahora la exigencia duplica su demanda a 15 dólares. En respuesta, las multinacionales aseguran que, de incrementar el salario mínimo, se perderían miles de empleos, ofrecidos, claro está, por ellos mismos. Evidentemente, estas empresas –dizque socialmente responsables- lo son porque obtienen inmensos beneficios fiscales por parte del gobierno pero no porque realmente quieran pagar lo justo. Primero los intereses de las grandes transnacionales, después sus intereses y al último sus intereses. Los datos de FastFood Forward, responsable del movimiento en Estados Unidos, son escalofriantes cuando se comparan con nuestros ingresos. Allá, la industria de comida rápida es de unos 200 mil millones de dólares anuales mientras que el salario promedio de un trabajador es de 11 mil dólares al año.

En México, sólo una autoridad estatal ha dicho que los sueldos son más que precarios; son injustos e inhumanos. Pero el eco de dichas declaraciones fue el silencio absoluto de cuantos empresarios existen. Nadie ha dicho que es una miseria el sueldo de $2,700.00 pesos que ofrece una empresa por contratar a una costurera, por trabajar ocho horas al día durante un mes. En estas condiciones, un trabajador no puede darse el lujo de exigir que el salario mínimo de 67.29 al día en la zona A, cambie a que eso se pague pero por hora. Eso no lo verán nuestros ojos y quién sabe si los de las generaciones que nos siguen. Así que, quién sabe si el Tío Sam resolverá a favor de los trabajadores o de las cadenas multinacionales. La historia en esta nueva lucha social está por escribirse.

 

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