Sara S. Pozos Bravo

Sobrevivientes

Uno a uno se fueron integrando como equipo de trabajo. Son chicas y chicos que, como cualquier mexicano responsable y como pocos funcionarios públicos, trabajan con un alto sentido de institucionalidad, de compromiso y de honestidad. No son los altos mandos que salen en las entrevistas. Ni los recomendados de nadie. Son los que hacen el trabajo real, el difícil, el de “talacha”. Los que ganan poco y trabajan mucho. Hoy sobreviven a una etapa de cambio inesperado. Cada uno, a su manera, lo lamentan porque el peso de la decisión ignoró por completo el esfuerzo de un año de trabajo de esos ciudadanos que llevó al quinto lugar a nivel nacional a su área.

Este espacio está dedicado para ellos: Para Elvira cuyo amante principal es su ordenador y el sistema de registro de acciones; que devora un libro, literalmente, en los interminables viajes ida y vuelta de las estaciones del Macrobús; para Elizabeth cuya capacidad de decisión y análisis es envidiable. Su alto sentido de integridad no le impide resolver cualquier cantidad de problemas. Sufre ante las injusticias de ver cómo –como siempre- los recomendados de todo el mundo llegan ganando más, trabajando menos. Pero es puro corazón; para Mario, el perfeccionista. Metódico hasta el más mínimo detalle. Impecable en su trabajo. Jamás observado por nadie. Él a lo suyo y eso lo hace pasar inadvertido; para Eugenia… dura como una roca pero así de grande es su corazón. Con años en el servicio público, sabe cuándo alguien no es de fiar. Y no falla. Para María, que discutía con su marido el “nombramiento” de palabra que le había otorgado. Claro que el cargo no existía pero tendría que trabajar mucho más ganando lo mismo. Al igual que las otras coordinadoras, se sumó al esquema que les propuse y, sin ganar un peso más, trabajando más de doce horas al día durante los últimos 12 meses, se quedó a trabajar.

Está dedicado para la Gaviota, una chica sencilla pero trabajadora. Paciente como el buen Job –el de la Biblia- pero directa cuando la torpeza de medio mundo le colmaba la paciencia… Para Caro, cuyo cuidado y esmero por los documentos raya en lo maternal; para Oly y Rosy, señoras con mucha experiencia, mujeres trabajadoras, dedicadas, íntegras. A ciegas se podía confiar en la calidad de su trabajo… No podía faltar la chica Delgado. Única en su especie: la de las causas perdidas, la que, quién sabe por qué, sufría lo insufrible… Con ella, Claudia, que hacía las veces de mamá, consejera, compañera, siempre discreta, siempre trabajadora. Está dedicado para Adriana, directa y franca pero eficiente al máximo; y para Karen, parca en las palabras, sencilla como un pequeño y despreocupada por la vida como nadie, toda vez que su confianza mira hacia otro lado. Por supuesto que también los súper COT: Crish, Sula, el Pollo y Miriam. Me disculpo con ustedes por dejarlos.

A todos, va un abrazo y mi querer. Lo mejor de todo un año fue haber trabajado con ustedes… los mejores del servicio.

 

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