Sara S. Pozos Bravo

Proyecciones 2014

El 2013 se acaba. Contra todo pronóstico, se acaba de la peor manera para millones de mexicanos: con más impuestos, con reformas que garantizan la venta de muchos de nuestros bienes a manos extranjeras, con escasos logros en materia macroeconómica y con retrocesos en materia de derechos humanos, educación, sistema de justicia y discriminación. El asunto ha ido de mal en peor y de acuerdo con los expertos en materia económica, el 2014 será lamentable.

Pero, como si no estuviéramos al borde de una nueva crisis económica, algo peor está afectando a la economía mexicana: los últimos tres años, la inseguridad en el país y las políticas públicas erróneas de incremento a los impuestos, ha llevado a un montón de mexicanos a salir periódicamente del país a realizar sus compras allá. Es un montón pequeño pero al final, es significativo. Es lo que queda de la clase media alta que puede viajar a los Estados Unidos, pasar en ese país algunas vacaciones y realizar ahí sus compras. Este fenómeno no se veía hace siete años. Y de pronto, el mercado estadounidense, inventor de la mercadotecnia y el consumismo, sintió la presencia de este montón de mexicanos y comenzó, aún en zonas “exclusivamente de gringos”, con mucha urgencia, a contratar empleados bilingües. A partir de 2010, los letreros en los centros comerciales exigían personas que hablaran también español.

En Estados Unidos se vive mejor. Allá sí se reconoce –y se paga- el estudiar más. Acá en México, no. Allá, entre más estudias, mejores ingresos y mejores oportunidades laborales tendrás, acá ni trabajo encontrarás. Allá, se paga por la alta especialización, acá un empleado resulta multifacético y no le pagan por saber mucho de muchas cosas. Allá se paga cuando un empleado va a ser contratado y se le exige la capacitación, mientras que en México el gobierno tiene que pagar esa capacitación pero, al hacerlo, algunos empresarios confunden muy a su conveniencia, la beca que otorga el gobierno con el sueldo que ellos deberían de pagar. La diferencia acaso estriba en el sistema en general que se ha impuesto allá y en la voluntad férrea de evitar la corrupción del sistema mismo, a lo que bien podríamos llamar “cultura”. Mientras que en Estados Unidos esa cultura permea desde la escuela preescolar hasta las grandes universidades, en México es desde esos niveles en donde se nota su ausencia. Sin principios que normen la vida de millones de mexicanos, su incorporación al sistema económico, político, legal o de justicia requerirá más que de alguna capacidad en específico, un buen contacto, una mejor palanca o una inevitable recomendación. Esa forma “mexicana” impuesta por un sistema político creado para favorecer a los políticos, jamás se va a transformar con reformas que siguen sin atender el fondo del problema o el problema en sí.

Mientras, en el día a día, nos queda esperar por un mejor 2014. Sea este nuevo año, uno con más bendiciones, de salud y trabajo para cada uno de ustedes.

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