Sara S. Pozos Bravo

El Papa, los pederastas y ¿la justicia?

“No hay sitio en la Iglesia para los abusan de los niños”, sentenció la carta de Bergoglio. “… erradicar de la Iglesia el flagelo del abuso sexual…”, escribió el líder del catolicismo. La misiva, en realidad, recuerda las medidas estructurales que ha tomado el Papa al interior de la curia romana: la creación de una Comisión Pontificia para la Tutela de Menores, así como la orden de intercambiar entre las Conferencias de obispos de los países, algo raro llamado “praxis virtuosas” y de programas de educación para dar respuesta a los abusos sexuales. En realidad, nada nuevo pero tampoco nada que deje ver que la justicia llegaría a las víctimas de abuso sexual. Nada. Son medidas políticas, demagogia y retórica al más puro estilo de la diplomacia vaticana.

El máximo líder del catolicismo parece insistir nuevamente en la forma más que en el fondo. Parece olvidar que la voluntad decidida y firme habría acabado con la “plaga” de sacerdotes que abusan de menores, con ese “flagelo”, como lo llama él. En la ausencia de medidas de fondo, se encuentran las causas reales y principales que convirtieron a la iglesia católica en el nido de pederastas, al menos, durante la mitad del último siglo. El tema del celibato sacerdotal, el del encubrimiento o protección institucional a nivel de iglesias locales y el de una política internacional basada en la protección diplomática de la que gozan algunos personajes de la vida política del catolicismo. Estos tres elementos de fondo, no aparecen en la misiva de Bergoglio.

En cambio, lo que abundan son las medidas que el Papa ha tomado, los “esfuerzos realizados” y las “actuaciones necesarias” para garantizar, dice, la protección de los menores. Tras analizar la carta enviada a los presidentes de las Conferencias Episcopales y a los Superiores de los Institutos de Vida Consagrada, y a las Sociedades de Vida Apostólica, la única medida concreta tomada ha sido la creación de la Pontificia Comisión. La función esencial de esta comisión será “… ofrecer propuestas e iniciativas orientadas a mejorar las normas y los procedimientos de todos los menores y adultos vulnerables...”. Es decir, que tras buscar en dónde han fallado, la comisión ofrecerá propuestas para corregir esos errores pero esas propuestas podrían ser sólo eso, propuestas. O tendrían que discutirse con diferentes actores al interior de la poderosa curia romana y, quizá, ahí se queden.

De los tres aspectos que menciono en el párrafo anterior, el del encubrimiento es uno de urgente atención que no se aborda en la carta papal. Por eso, el ex sacerdote Alberto Athié, declaró en el programa de Aristegui, que el mayor encubridor de sacerdotes pederastas en México, ha sido el mismo cardenal Norberto Rivera. Athié señala que Bergoglio se ha dado cuenta del tema del encubrimiento y de ahí su misiva pero en el documento no hay nada explícito sobre el mismo.

Los casos ahí están y la justicia continúa sin llegar a las víctimas.


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