Sara S. Pozos Bravo

Objeción de conciencia: precisiones

Resultó, como siempre, que el ciudadano sabe más de estos temas que algunos funcionarios. Algunos lectores de MILENIO JALISCO comentaron mis anotaciones sobre el tema de la objeción de conciencia. Algunos las criticaron y otros las compartieron. Tanto unas como otras son bienvenidas. Sin embargo, las que criticaron el tema lo hicieron centrándose en cómo algunas personas creyentes de alguna fe no católica, apelan a ella para no acatar alguna disposición legal o para justificar algún tema relacionado con la salud de las personas. Su crítica me aterró porque sigue existiendo en la sociedad –o en alguna parte de ella- la creencia de que las personas que profesan una fe no tienen ese derecho a objetar, por cuestiones de conciencia, acatar tal o cual disposición legal.

Negar el derecho inalienable de cualquier ser humano a creer en una fe, en un dios o en muchos, o a no creer en algo, es tan aberrante como decir que quien crea en algo diferente a las creencias de la mayoría no tiene ese derecho y debería de irse a vivir a un país en el que esté legalmente reconocido el derecho a la objeción de conciencia. Afirmar, por ejemplo, que los Testigos de Jehová, para que puedan ejercer su fe y objetar el mandato de los honores a la bandera, deberían de vivir en otro país es una señal clarísima de intolerancia religiosa. Es poner en el nivel de ciudadanos de segunda o tercera a estos ciudadanos que, católicos o no, Testigos de Jehová o no, son ciudadanos mexicanos con los mismos derechos unos y otros ante la Constitución mexicana.

El tema de la objeción de conciencia no está condicionado al tema de la fe o religión de una persona; es decir, el derecho a la objeción de conciencia no es un tema ligado al de una fe mayoritaria o no, monoteísta o politeísta. Es un derecho humano y todos, por temas de fe o de conciencia, pueden hacer uso de él. Es más, en México, hace algunos años cuando se despenalizó el aborto en la Ciudad de México, Norberto Rivera hizo un llamado a los médicos católicos para que, apelando a su derecho de la objeción de conciencia, no practicaran el aborto a las mujeres que fueran a solicitarlo en las clínicas del sistema de salud del Distrito Federal. Claro que también los amenazó y dijo que los médicos que practicaran el aborto estarían excomulgados. Pocos médicos –quién sabe si por convicción o por amenaza- decidieron no practicar el aborto.

España, Italia, Francia, Alemania, Inglaterra y otros países reconocen el derecho a la objeción de conciencia en sus legislaciones. Tienen, incluso, interpretaciones y jurisprudencia de los tribunales judiciales y del sistema legal europeo. Nuestro país, para no variar, no sólo no está “en pañales” sino que resulta ser uno de esos derechos que genera hinchazón en aquellos que siguen creyendo que la fe mayoritaria los convierte en ciudadanos mayoritarios o de primera y que, por lo tanto, tienen ciertos privilegios sobre el resto de los ciudadanos mexicanos.

www.sarapozos.mx