Sara S. Pozos Bravo

Mujeres al volante

Los lentes negros sobre la burka de igual color. Las manos sobre el volante y entonces, no se sabe quién conduce porque el rostro es cubierto totalmente por la burka. Allá, en Dubai. Allá donde, dicen, fluye el petróleo. Allá donde construyen enormes rascacielos y playas en el desierto. Allá donde los millonarios compran pequeños pedazos de tierra para construir sus islas. Pues hasta allá, un grupo de mujeres desafían la medida que el gobierno de Arabia Saudí impuso hace seis meses y que impide a las mujeres conducir un automóvil.

La estrategia de ese pequeño grupo de mujeres es llamar la atención del presidente de Estados Unidos, en su visita a Arabia. Quieren conducir sus vehículos. Quieren luchar por cambios democráticos en su país. Es una estrategia que inició en octubre del año pasado y que aún sigue vigente. El reto más grande fue hacer activismo político en un país en el que no hay antecedentes históricos de ese tipo. Pero bien pensada, la estrategia ha ido de más a menos. Con gafas oscuras en el de por sí oscuro color de la burka, las mujeres se enfrentan a una sociedad en la que no son bien vistas y son altamente cuestionadas. Una sociedad y un gobierno que las enfrenta y confronta. Un gobierno que ya no doblega al estadunidense por el tema del petróleo porque los gringos, por primera vez en la historia, produjeron más petróleo el año pasado que el que consumieron. Pero además, produjeron más petróleo que el mismo Reino de Arabia Saudí.

La razón principal argumentada por el gobierno de Arabia Saudí para impedir que las mujeres conduzcan un automóvil es el tema del Islam. La monarquía absoluta que gobierna Arabia Saudí es una de las cuatro que aún existen actualmente. Su interpretación del Islam es una de las más estrictas que, a decir de algunos, raya en el fundamentalismo religioso. La línea sunita es la que rige en el reino. La libertad religiosa no existe en ese país y se convierte en un estado confesional al adherirse expresamente a la religión musulmana. Para garantizar que nadie practique una religión diferente a la islámica, existe la policía religiosa quien ha recibido numerosas críticas por su manejo represivo e intolerante.

En este contexto, surge el grupo de “las cien” como un grupo que se manifiesta frontalmente contra el gobierno de Arabia Saudí asegurando que, en ninguna parte del Corán –lo cual es cierto- se prohíbe a la mujer conducir un automóvil. Alguien dirá que cuando el Corán fue escrito no existían automóviles pero tal dicho resulta insostenible como justificante para prohibir que una mujer conduzca un vehículo. Samar Fatany –a quien he visto en diversos medios de comunicación por su valiente activismo- asegura que de ninguna manera va contra el Islam el que una mujer conduzca, trabaje o muestre su rostro pero ahora su lucha se centra en la campaña iniciada en el pasado mes de octubre y confía en obtener resultados en el contexto de la visita del presidente Obama estos días.

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