Sara S. Pozos Bravo

Mujeres sin libertad

Las casualidades no existen. Esta semana de visita nuevamente en algún reclusorio femenil del país. Las mujeres. Las abandonadas por todos. Las que están solas. Las que no son visitadas por casi nadie. No todas son culpables pero con resignación, las que sí lo son, esperan que transcurra el día lo más rápido posible. Las historias de vida son, así, increíbles pero no por ello menos ciertas. Son historias reales. Ya saben: que robó en alguna de las empresas trasnacionales algo para dar de comer a sus hijos y fueron encontradas culpables sin juicio; que alguien con poder las acusó y las encerró; que su abogado se vendió y no les ayudó en lo absoluto.

Las mujeres. Esas que ahí, en el reclusorio, dan a luz a sus hijos. Los tienen bajo sus brazos. Los educan y estarán con ellas hasta los tres años. Si la sentencia de la mujer es mayor a ese tiempo, les quitarán a sus hijos y los darán en adopción o irán a parar a algún instituto de beneficia. Los perderán. Así las que tienen hijos. Las que no, se ocupan en su rutina. Algunas van a trabajo social y otras a las clases de preparatoria.

Allá fuimos por primera vez en noviembre. La intención era conocer las instalaciones y ver cómo pudiéramos ayudar a las internas con cursos de capacitación para la certificación. El objetivo era sencillo: que cuando las mujeres lograran recuperar su libertad, contaran con un documento oficial que acreditara sus competencias. Pero entonces los problemas comenzaron: no podíamos atender a las más de 600 internas; tampoco podríamos dar todos los cursos programados; y las instalaciones nos limitaban en gran medida atender a grupos mayores.

Cuatro meses después, esta misma semana, comenzaron los cursos. Y en el acto protocolario, los aplausos más fuertes y las porras más discretas, fueron para la directora del reclusorio. Dicen las internas que cuando ella llegó en marzo del año pasado, las comenzaron a tratar dignamente. Ahora se saben y sienten importantes, atendidas, valoradas aunque en el fondo tardarán mucho tiempo para recuperar su autoestima. Conocedora del derecho penal, la directora ha llevado a revisión cada uno de los casos en donde se actuó y emitió sentencia en condiciones de duda legitimidad. En noviembre que fuimos, una interna recibió ese día la noticia de que no saldría pronto. La directora argumentó e insistió en su caso y esta semana, la interna, con el llanto a flor de piel, nos comentó que a finales de marzo obtendría su libertad.

Además de los cursos, la buena noticia también llegó: al salir contarían con el respaldo de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social del Estado. Carta de recomendación, apoyo directo en los programas de la dependencia y vinculación con las empresas para que encuentren una fuente de empleo apenas salgan, fueron los compromisos. Y por primera vez, el respaldo institucional está a favor de las más desprotegidas y vulnerables: las mujeres cuya soledad en sus vidas es sinónimo de abandono.

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