Sara S. Pozos Bravo

Jubileo apostólico (última)

uando agosto llega en junio, es porque al oriente de Guadalajara algo pasa, algo se mueve, algo se celebra. Algo llamado “Jubileo apostólico”, es una ceremonia inigualable que se lleva a cabo por los cincuenta años de dirección apostólica del hermano Samuel Joaquín Flores. Tal ocasión ha desplazado los días de tal manera que cuando los tapatíos pensaban que sólo en agosto las calles y colonias cercanas a Hermosa Provincia se llenan de creyentes, llegaron a la conclusión que se habían equivocado. Y lo que sólo pasaba en agosto ahora se ve también en junio: casas pintadas de blanco y dorado, letreros en las fachadas de las casas donde se hospedarán miles de creyentes, vuelos enteros de “hermanos” que viajan desde Santiago de Chile, Argentina o Alaska, o desde Europa o Australia o Israel.

Por eso el tiempo en Hermosa Provincia parece detenerse para todos, para los que arriban y los que viven acá, para los que confían y tienen fe, para los que su fe los lleva a la esperanza, para los que, desesperados y ansiosos, no pudieron estar presentes. No se habla de otro tema que el que llena el alma del ser humano. No se puede ni se quiere hablar de otra cosa. El creyente, el auténtico creyente, ha entendido que este evento es único, que jamás ha habido otro, que tiene tantas implicaciones como quedaron establecidas en la Biblia y que, ahora, por algún razón desconocida, serán partícipes, testigos invaluables de escribir en su propio corazón, la historia más grande jamás contada, jamás descrita, jamás narrada. Por eso no hay evidencia de una ceremonia así, porque no ha habido otra igual y por eso, vivir, participar, coparticipar, estar en el aquí y ahora, es tan significativo que los miles de creyentes quisieran estar en Hermosa Provincia.

Porque estar aquí es reconocer a quien, desde su fe, Dios ya ha reconocido. Porque estar aquí es entender la histórica oportunidad de formar parte de este evento que se enmarca en los cincuenta años de trabajo apostólico del hermano Samuel. Porque eso lo celebran, por eso vienen, por eso organizan eventos, por eso hay tanto movimiento en el aeropuerto y en la central de autobuses, por eso el tiempo parece detenerse… porque nunca como hoy agradecen al Creador el entender y reconocer el trabajo que el apóstol de Jesucristo, hermano Samuel Joaquín Flores, ha hecho por muchas, muchas personas; porque nunca como hoy la ansiedad parece incontrolable comparada con la necesidad de estar en Hermosa Provincia; porque nunca como hoy hay un reconocimiento explícito, claro, sincero, lleno de amor hacia la elección del guía espiritual de La Luz del Mundo.

La Luz del Mundo y sus creyentes son consecuencia del esmerado, constante, preciso, y paciente trabajo del hombre que ha escrito y grabado con su vida la historia completa de un pueblo. Historia que ha enraizado el alma de los creyentes. Historia que jamás podrá borrarse. Historia que seguirá escribiendo el apóstol de Jesucristo muchos años más.

 

www.sarapozos.mx