Sara S. Pozos Bravo

Jubileo apostólico (Primera parte)

Es único y sería el primero. No ha habido otro en la historia del cristianismo. Tan significativo acontecimiento ha llevado la espera de muchos, muchos años. Para que éste se presente se han requerido de dos condiciones indispensables: la primera, haber transcurrido un periodo de tiempo equivalente a 50 años; la segunda, la presencia de la persona facultada para presentar las ofrendas, como otrora lo hacían los sacerdotes en el Israel bíblico. Ambas condiciones indispensables no se dieron en el cristianismo del Nuevo Testamento o, al menos, no hubo evidencia de ello.

Ahora, de acuerdo con la fe de La Luz del Mundo, este evento se aproxima. Y con tanta o más ansiedad que el ineluctable paso del tiempo, el instante se ha convertido en el pretexto perfecto para que, literalmente, La Luz del Mundo se mueva. De uno a otro lado, las redes sociales han permitido ver lo que en otro tiempo habría sido imposible siquiera documentar: espectaculares y lonas, desplegados en medios y noticias en medios locales, incluida la radio y televisión en varios Estados de la República Mexicana. Acciones que se replican de manera exacta en Honduras o El Salvador, o Costa Rica o Colombia, bastiones junto con México de la fe de La Luz del Mundo cuyos medios nacionales difunden cualquier actividad que realizar esta iglesia en esos países. La inmediatez de las redes sociales nos dejan ver, apenas, eso que va y que viene, esas fotos del joven que en Israel -en Jerusalén- porta una lona con la foto de su guía espiritual; esas familias reunidas que se organizan para subir a un cerro y con la convicción a flor de piel, escriben con cal las iniciales S.J.F; esas iglesias locales que organizan eventos religiosos, que diseñan logotipos, que logran dejar evidencia en 43 países y que se reúnen para festejar, para celebrar, para participar del primero y el único Jubileo Apostólico en el cristianismo contemporáneo.

En el Israel bíblico, de acuerdo con el tercer libro de Moisés–Levítico- el jubileo implicaba un auténtico punto de inflexión en la vida de toda una nación: “Y santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis libertad en la tierra a todos sus moradores: este os será jubileo; y volveréis cada uno a su posesión”. (25:10) Tres implicaciones conllevaba el jubileo: santificación, libertad y perdón. Dichos principios establecidos por Jehová para Israel, se convirtieron en la sombra de lo que, tras venir Jesucristo, habría de llegar en el cristianismo.

Esas tres implicaciones establecidas hace miles de años siguen vigentes ahora y bajo el cristianismo auténtico de los apóstoles, miles de creyentes de La Luz del Mundo esperan el instante, el día que, en este mes, se celebren cincuenta años de administración apostólica. Y al hacer, participarán del primer y el único jubileo que se ha llevado a cabo en la historia del cristianismo auténtico. Por eso, el día 9 habrá reunión multitudinaria en Hermosa Provincia y fiesta en todo el mundo.

 

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