Sara S. Pozos Bravo

Iglesia sí, secta no

Escribo a título personal. Dicho lo anterior, entramos en el tema. La palabra secta es una de esas que más carga peyorativa tiene. De hecho, debería desaparecer de nuestro lenguaje cotidiano. Conlleva un lenguaje discriminatorio gravísimo y esto, a su vez, pulveriza, desvanece el derecho a la igualdad y a todos los demás derechos convirtiendo a las personas en ciudadanos de segunda o de tercera. Crea estereotipos y prejuicios que, socialmente, pone en riesgo a las personas que son señaladas como integrantes de una secta.

Por eso me preocupa que los "expertos en sociología de la religión" en México, sigan señalando como secta a la Iglesia La Luz del Mundo. Yo, como integrante de esta Iglesia, no puedo menos que sentirme ofendida e irritada por las declaraciones que Bernardo Barranco ha hecho, señalándonos como secta. De hecho, lo que expertos como Barranco hacen con sus declaraciones, es generar un ánimo de animadversión de algunos ciudadanos mexicanos contra los que pertenecemos a la Iglesia.

Etimológicamente, la palabra secta proviene de la raíz latina secare que significa separar y/o seguir. Si nos atenemos a la segunda acepción, los seguidores de las chivas podrían ser calificados como sectarios. La Real Academia redefine el concepto y lo amplía en tres consideraciones generales: a) doctrina religiosa que se aparta de lo ortodoxo; b) conjunto de seguidores de una secta; c) comunidad cerrada que promueve a aparenta promover fines de carácter espiritual. Ninguna de estas consideraciones puede aplicarse a la Iglesia La Luz del Mundo porque no se ha separado de lo que se considera ortodoxo y porque no es una comunidad cerrada. Si así fuera, creo que no estaría escribiendo en este espacio ni conviviendo con la sociedad como lo hago.

Sociológicamente, Max Weber fue el primer sociólogo en establecer una dicotomía entre secta e iglesia en su obra la Ética protestante y el espíritu del capitalismo. Para este autor, la iglesia es una "especie de asociación para el logro de los fines sobrenaturales, una institución en la que necesariamente caben los justos y los pecadores", y la secta es una "iglesia de fieles", que se considera así misma "como la comunidad formada únicamente por los verdaderos fieles, los renacidos, y sólo por ellos". Y este es el elemento fundamental que nos permite argumentar el porqué La Luz del Mundo no es una secta. No es secta porque la comunidad ni está cerrada a nadie ni está formada únicamente por los fieles y sólo por ellos. Desde siempre, la Luz del Mundo ha realizado proselitismo religioso a diestra y a siniestra porque considera que cualquier persona puede integrarse y adherirse a su fe. Si analizamos la definición de iglesia de Weber, tal definición aplica a la Iglesia La Luz del Mundo sin ningún problema.

Quizá por eso, el mismo Barranco, en su libro "Las Batallas del Estado Laico" ha dejado constatado que lo que ha hecho, es y ha sido la Iglesia La Luz del Mundo, lo obligan a repensar el concepto de secta y su aplicación a la Iglesia. 

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