Sara S. Pozos Bravo

Iglesia católica vs gobierno en España

El tema local es por el aborto. A finales del año pasado, el Gobierno presentó el anteproyecto de ley del aborto más restrictivo de la democracia española. Entre las acciones que habían halagado a la iglesia católica española, resaltaba que la mujer dejaría de tener el derecho para interrumpir el embarazo en las primeras catorce semanas, para convertir la decisión de la mujer en un delito despenalizado en dos supuestos: cuando la vida de la mujer esté en peligro (hasta las 22 semanas) y en caso de violación (hasta las 12 semanas). Hasta aquí todo era aplaudido por la jerarquía católica española.

Sin embargo, la movilización de un sinnúmero de organizaciones no gubernamentales españolas y de otras tantas internacionales como Human Rights Watch, así como de miles de mujeres que exigían el respeto a la libertad de decidir sobre su cuerpo, ha movido la decisión del Gobierno español, al grado de advertir que retiraría el anteproyecto de ley, tal y como se presentó. Las normas internacionales de derechos humanos apuntan en el sentido opuesto al del anteproyecto presentado: protegen y garantizan el derecho de la mujer de decidir sobre su propio cuerpo; evitan el trato inhumano que leyes restrictivas permiten.

Por eso la reacción de la Conferencia del Episcopado de España, a todas luces esperada. Con el poder que no le han podido quitar, los obispos advierten, movilizan, amenazan, convocan, censuran, prohíben. Porque siempre ha sido a lo largo de su historia, siempre viendo sus intereses y no los de las víctimas que convierten en tales. En un comunicado del Comité Ejecutivo de la Conferencia, los obispos aseguran que “quieren hacer oír su voz (…) para recordar el valor sagrado de la vida humana”. Junto al Episcopado, las plataformas de derecha “Derecho a Vivir” y “Hazte Oír” bajo las que ampara la iglesia católica para justificar su presencia social, organizan para el día mañana, en Madrid, la V Marcha por la Vida.

Este sería un tema de poco interés para nosotros sino develara la política global impulsada por la Santa Sede. Devela también la cerrazón del Vaticano contra el derecho a decidir de las mujeres; revela las estrategias impulsadas por las Conferencias de los Episcopados locales y su injerencia en temas políticos; revela, por supuesto, la clara violación al Estado laico en países republicanos, democráticos e independientes… Eso es la Santa Sede, el cascarón que le fue otorgado para encapsular a la iglesia católica y ésta es su forma, su naturaleza de ser. No puede ir contra ella porque el peso de la historia es su peor enemigo; aspira a reescribir la historia, a tergiversarla.

En nuestro país, el tema del aborto, al final y tras una ofensiva implacable contra el Estado laico por parte de la jerarquía católica, lo ganó la institución religiosa. Luego vinieron matices, intervino la Suprema Corte y al final, tras el debate hace algunos años, quien perdió fue la mujer, víctima de sus eternos verdugos.

 

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