Sara S. Pozos Bravo

Héroes caídos

Algunos creerán que todos los policías son corruptos. Otros sabrán entender que no es así. Algunos verán en la muerte de tres policías estatales hace unos días, la caída de un héroe, de un policía honesto que murió en cumplimiento de su deber. Otros –sin elementos- harán comentarios fuera de lugar, sin sentido y sin conocimiento de causa. He decidido en este espacio brindar un pequeño y simbólico homenaje y reconocimiento a esos héroes caídos. No los conocía pero merecen todo mi respeto.

Pocos, realmente pocos policías se enfrentan como lo hicieron los nuestros en días pasados. No era el primer enfrentamiento al que acudían pero para tres de ellos fue el último. No era la primera vez que solicitaban refuerzos frente a grupos de la delincuencia organizada que portaba armas largas y de gran calibre. No era la primera vez que sin temor alguno entraban con la camioneta hasta detener o aniquilar a los integrantes de alguna célula criminal. Pero estaba vez no salieron ilesos. Los videos en redes sociales nos muestran de muchas maneras las diferencias entre los policías que acudieron al enfrentamiento y los integrantes de la célula.

Apenas antier, dos de los policías estatales heridos fueron dados de alta y ya se encuentran con sus familias. Pero la muerte de los otros tres elementos merma en el ánimo de la corporación. Los policías, que normalmente batallan contra horarios de locura, mala paga, riesgo de su vida, crítica de los medios, estigma de la sociedad, siguen buscando la manera de detener, en una lucha desigual, al crimen organizado. Porque hace mucho tiempo, los recursos que mueve el crimen organizado han superado los ínfimos recursos asignados para seguridad pública. Porque hace mucho, se ha insistido en quitarle el flujo de los recursos económicos mediante estrategias planteadas por especialistas, pero una extraña y dudosa falta de voluntad asoma siempre como elemento determinante para implementar esa estrategia. Porque ha habido, ciertamente, evidencia de hasta qué niveles ha llegado el crimen organizado en las estructuras del Estado. La administración de Calderón fue evidente en ese sentido.

El tema de la seguridad pública y la generación de empleos formales y bien remunerados es el reto de todo gobierno serio que apueste a una política integral, honesta y efectiva, para disminuir los índices en ambas áreas. La tarea en ambas áreas no es fácil y se antoja mucho más complicada de lo que parece pero al tiempo, los esfuerzos bien planeados y coordinados, darán mejores resultados. Quizá por eso, aunque la muerte de los policías, duela, pueda generar al mismo tiempo una oportunidad estratégica de acción conjunta de las corporaciones policiales que, cada vez más capacitadas, equipadas y depuradas, podrán enfrentar en su lucha al crimen organizado.

Vaya pues el reconocimiento a los policías caídos en el cumplimiento de su deber y palabras de ánimo a quienes continúan de manera honesta resguardando nuestra seguridad.

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