Sara S. Pozos Bravo

Francia, el fundamentalismo y la libertad de expresión

Se estremece París. El tema, un atentado terrorista contra la libertad de expresión. Acto condenable y condenado por todo el mundo, el atentado de esta semana como el semanario Charlie Hebdo, pone de manifiesto una vez más el tema del fundamentalismo religioso. El atentado en el que murieron doce personas obliga a revisar una vez más el tema ya de por sí desgastado.

El fundamentalismo religioso puede presentarse en cualquier religión. En su momento, la historia nos dejó el conocimiento de las Cruzadas, el ejemplo más dramático y vergonzoso, sin comparación alguna de ese momento en el que la religión es utilizada para justificar el asesinato, cuando en nombre de cualquier dios, se justifica la barbarie, el atentado, la muerte, el genocidio. Ahora, de unos años para acá, parece ser que los fundamentalistas se relacionan más con el Islam que con otras religiones, al menos en Europa y Oriente Medio. Eso es más notorio no por el Islam en sí, sino porque las escuelas de pensamiento e interpretación radicales del Islam se han encargado distorsionar el Corán. En esos semilleros en donde la semilla brota a raudales, se enseña la Yihad o Guerra Santa y se justifica, erróneamente, esa guerra en el texto sagrado del Islam.

Los creyentes en el Islam no son responsables de este atentado ni de muchos otros en otras latitudes del mundo. No debemos de condenarnos ni debemos de estigmatizarlos. Hacerlo nos llevaría a un mundo cada vez menos entendido y más distorsionado. Un mundo menos tolerado y más discriminado. Lo que sucedió en Francia es un caso que debe obligar a las agencias de inteligencia del mundo a entender cómo funcionan esos grupos fundamentalistas para encontrar la forma de detenerlos. Quizá sólo entonces, podrá delinearse esa estrategia que evite o, al menos, minimice el riesgo de tales atentados.

La libertad de expresión en Francia es uno de los pilares de la República. Se da en el marco de una democracia que ha establecido los fundamentos modernos de la laicidad y que, desde esta doctrina de pensamiento, la laicidad impregnada en la democracia han avanzando al establecer bases firmes y profundas de una auténtica cultura de respeto hacia la otredad. Porque así como condenamos el atentado, el mundo debería de condenar todos aquellos asesinatos de mujeres llevados a cabo por la ley islámica en algunos países. La muerte de un libre pensador vale igual que la de una mujer, bajo el contexto de esta interpretación maniquea del Corán. Y este avance se ha logrado en Francia y en muchos países europeos.

El tema es sumamente complejo porque pone en entre dicho varias libertades y derechos que luego generan conflicto entre particulares. Y el mundo musulmán, por sí solo, es también es complejo. Pero si algo nos ha enseñado Francia es a dejar tras de sí el mundo de los problemas con base en las ideas, en los cambios, en las libertades y en el respeto a todo derecho humano. Hoy no será la excepción.

 

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