Sara S. Pozos Bravo

Desobediencia civil

Se promueve. Se difunde. Y ahora, comienza a seguirse, a practicarse, a llevarse a cabo en varias ciudades del país. Los defeños, conocedores en su gran mayoría de cuándo una ley, norma o impuesto es injusto e inmoral, se mantienen como punta de lanza en el tema de cómo el ciudadano puede enfrentarse a un gobierno cada vez más autoritario, tiránico y despótico. Adultos, jóvenes, niños, mujeres y ancianos, se pasan los controles para no pagar el nuevo costo del boleto del metro. Alguien, un joven estudiante de la UNAM de escasos 25 años, convoca a un acto de protesta masiva contra el incremento para el 16 de enero. Lo hace por redes sociales y de pronto tiene cinco mil amigos que multiplican la información. Ese día, en todas las estaciones del metro de la ciudad de México, se llevará a cabo una muestra de eso denominado desobediencia civil.

Al norte del país, en Chihuahua y Baja California, integrantes de organizaciones civiles se organizaron para pagar el “importe exacto” de algunos productos. Cuando se presentaron en caja para pagar los productos que oficialmente del 1 de enero comenzaron a pagar IVA del 16 por ciento y el impuesto especial sobre productos y servicios, pero que ya se cobraban desde mediados de diciembre, dijeron que únicamente pagarían el importe exacto.

Ambas acciones son una reacción del ciudadano frente a las decisiones del gobierno que grava y agrava hasta la goma de mascar. Un ciudadano que ahora se comunica por otros medios y se informa por canales de comunicación distintos. Un ciudadano que de manera cada vez más activa y responsable, sigue los pasos las acciones de sus gobernantes. Un ciudadano que está dispuesto a contribuir con la carga tributaria que le impone su gobierno, pero que le exige que el mismo deje de ser corrupto, deje de privilegiar a unos cuantos y comience a dar resultados. No pide más, pero tampoco está dispuesto a exigir menos que eso. La posibilidad que tiene el ciudadano de protestar en contra de los dirigentes, de sus decisiones y de sus negociaciones se encuentra de manera implícita en todo régimen democrático y en todo estado de derecho. Norberto Bobbio clasificó esta posibilidad en un término medio entre la forma de rebeldía frente a leyes estatales, por debajo de extremos como la resistencia activa y pasiva, pero por encima de opciones como la obediencia pasiva.

Cuando estaba la discusión por el tema del impuesto a las bebidas azucaradas como los refrescos, me preguntaba cómo le iban a hacer los millones de mexicanos que consumimos coca-cola para no pagar ese impuesto. La respuesta es que millones de mexicanos no piensan en no pagar en ese impuesto. Cuando va a la tienda y compra su bebida, el ciudadano no está pensando en el impuesto sino en el refresco. O en otras cosas, pero no en el impuesto. Esa forma de obediencia pasiva puede que algún día cambie, pero las chelas, las reuniones con amigos, el fútbol, y los refrescos son más importantes que el impuesto pagado.

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