Sara S. Pozos Bravo

Derechos Humanos y Estado Islámico

Esta semana, la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Ginebra, dio a conocer que el grupo integrista autodenominado Estado Islámico en Irak, en su afán por instaurar un estado confesional había estado violando el derecho a la libertad religiosa en ese país, por lo que realizaba un atento llamado al grupo, a fin de detener los secuestros y desapariciones forzadas de cientos de personas víctimas de tal extremismo. Las vejaciones y los actos de discriminación acompañados de violencia, invariablemente, llevarán a guerras religiosas al interior de los Estados. Irak no es la excepción.

El tema central del grupo integrista es la unión de la fe y el poder político en la persona del califa, o sucesor del primer sistema de gobierno establecido en el Islam. Este sistema de gobierno, por supuesto, trajo como consecuencia la unidad en torno al líder de la umma o comunidad musulmana. Esa visión es la que retoma el Estado Islámico para justificar las gravísimas violaciones a los derechos humanos, particularmente al de libertad religiosa, en Irak.

Los orígenes del grupo se vinculan a Al Qaeda. La sombra de Bin Landen siempre estuvo detrás del grupo desde su aparición en 2003 y hasta la separación oficial de todo lo que tuviera que ver con Al Qaeda, ahora en 2014 cuando se declara independiente y autónomo. Desde mediados de este año y sobre todo este mes de agosto, los ataques del grupo extremista han espantado al mundo y llamado la atención de Naciones Unidas. En este sentido, el llamado para instaurar un califato en Irak a la usanza de los siglos VI o VII resulta poco exitoso en términos democráticos y del paso de la humanidad en la búsqueda de mejores formas que le permitiera coexistir bajo esquemas menos rústicos y medievales.

Pero supone, además, una vertiente para el análisis político. Por un lado, si los estados confesionales y cuasi confesionales han tenido tanto éxito como uno democrático y laico, o si no lo han tenido ni uno ni otro, es algo que se tiene que revisar bajo el contexto actual. Lo anterior nos lleva a preguntarnos qué medida, ese éxito o fracaso genera la evocación de los símbolos religiosos y de fe, otrora vigentes pero quizá innecesarios en las épocas actuales.

Por eso, nuevamente, estamos ante el milenario conflicto entre la imposición de la fe y la lucha por las libertades. Estamos ante el conflicto de un grupo que intenta lapidar a todos aquellos que hayan sido encontrados culpables frente aquellos que se amparan bajo los derechos humanos. Estamos ante la lenta reacción de Naciones Unidas frente a la masacre que ya se vive en la frontera de Irak con Siria y en donde se cuentan ya por miles los muertos y desaparecidos. Y por eso el llamado de la oficina del Alto Comisionado para evitar una guerra civil, para evitar más violaciones a los derechos humanos y evitar el desplazamiento de miles de sirios. El tema es peligro para la región de Oriente Medio.

 

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