Sara S. Pozos Bravo

Bienvenido 2015

Sí. Llega con esperanza y consuelo. Con esperanza que las cosas en este país cambien para bien, con la ilusión que las reformas llevadas a cabo por el presidente se materialicen en más y mejores empleos y que, por fin, algo trascendental cambie las estructuras sociales y económicas de un país que parece haber entrado en decadencia. Con la esperanza que el tema político de unas elecciones intermedias no evidencien la podredumbre de un sistema político pernicioso. Con la esperanza que lo sucedido en Ayotzinapa y en Tlataya hayan sido la gota que colmó la paciencia de un país entero. Con la esperanza de que las generaciones más jóvenes comiencen a impulsar la transformación de fondo de este país. Con la esperanza que los más débiles y desprotegidos no sufran más. Con la esperanza de tener el intelecto y capacidad suficiente para luchar por nuestros intereses. Con la esperanza de hacer con convicción.

Llega también con consuelo. Ese elemento fundamental en la vida de los seres humanos. Ese sin el que no puede uno levantarse. Porque el consuelo lleva consigo ánimo, confortación, tranquilidad. De una u otra forma, el hombre busca ese consuelo. A veces lo encuentra en la estabilidad económica; otras más lo halla en el olvido; otras más, en la bebida. Habrá quienes se consuelen en el desencanto, en un regalo, en el amor mismo, en la pareja, en los proyectos, en el trabajo, en las amistades, en la familia, en la fe. Independientemente de la fuente de ese consuelo, el hecho es que llegará. La certeza proviene de una convicción y de un deseo: que en verdad la felicidad esté al alcance de nosotros en este 2015.

Aprovecho para agradecer a Milenio Jalisco y a nuestro director general, Jaime Barrera, la oportunidad que me ha dado para expresar mis opiniones con plena y absoluta libertad de expresión, a pesar de que algunos de mis artículos han sido fuertemente criticados. No olvido que Jaime, en su columna del día 10 de diciembre del año pasado, comentó mi colaboración de un día antes, misma que fue escrita con motivo de la separación física del hermano Samuel Joaquín Flores. En pleno momento de absoluto dolor, Jaime escribió que mi escrito le había conmovido por la devoción con que me había referido al trabajo y a la persona del entonces apóstol de La Luz del Mundo. Aunque difiero en muchas cosas con el escrito del también amigo mío, Jaime Barrera, le agradecí el inicio de su texto desde mi corazón. Y ahora, tengo la oportunidad de hacerlo de manera pública.

Y de igual manera, reconozco el interés de mis lectores. Sin ellos, no tendría razón de ser esta colaboración. Procuro leer sus comentarios para conocer sus opiniones. Habrá a quienes no les guste lo que escribo y habrá a quienes sí. En todo caso, si se han detenido en mis reflexiones, entonces ha valido el esfuerzo y dedicación que en cada uno de ellos he dejado y que me exige un público cada vez más crítico.

A todos ustedes, sinceros deseos de prosperidad y felicidad en este 2015.

 

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