Sara S. Pozos Bravo

"Barbie, the plastic religion"

La muñeca elitista, otrora famosa, que fue diseñada para un mercado económicamente solvente, ha sufrido transformaciones. Hace unos días, en Argentina, se dio a conocer la colección creada por Pool Paolini y Mariana Perelli, titulada Barbie, the plastic religion, en la que los artistas suelen utilizar juguetes “famosos” para revestirlos con indumentarias de inspiración religiosa.

La colección parece estar inspirada en una provocación que los artistas antes mencionados le hacen al Vaticano. El título de la exposición que estará integrada por más de 33 obras ha indignado a varios obispos, principalmente de Italia, quienes han cuestionado las intenciones de los artistas. “La religión no es de plástico”, han asegurado, indignados los obispos italianos, al tiempo que han amenazado con impedir, haciendo uso del aparato e influencias eclesiásticas, su entrada al mercado italiano.

En realidad, la obra de los artistas argentinos no es un trabajo comercial. Es arte. Que al utilizar una muñeca elitista intentan impactar con su trabajo de otra forma, es innegable. Que no es ético utilizar figuras religiosas para transformarlas y, a partir de ella, crear un trabajo específico, también es cierto. Pero si el mismísimo Vaticano, éticamente, no toma en cuenta una serie de principios universales para comerciar con las imágenes del santoral, no debería de haber problema en que dos artistas argentinos retomen las muñecas y las transformen con elementos religiosos.

Evidentemente, la colección trasciende a lo tradicional y trastoca los modos conocidos. De ahí que las mujeres católicas argentinas, tendrán que repensar el cómo educan a sus hijos a través de los juguetes. Si bien, la obra de arte de los artistas argentinos no es comercial, también es verdad que el mundo en la era digital dista mucho de las tiras de Mafalda de hace cincuenta años, por lo que las redes sociales ahora y la inquietud de las juventudes más tarde, cuestionarán mucho la razón de ser de la “Virgen Barbie”.

COLOFON. Una noticia está en redes sociales. Al parecer, en algún lugar del planeta, el ahora Papa Francisco fue acusado de tráfico de menores durante la dictadura argentina. En los años setenta, también declaró ante las autoridades argentinas como testigo, por el secuestro de dos sacerdotes jesuitas. El caso es que, para esos años, la figura del hoy Papa, fue sacudida terriblemente. Recientemente también, testigos oculares en el caso de violación, aseguran que fue el mismísimo Papa quien abusó sexualmente de niños que, posteriormente, asesinó. El caso se encuentra ante el Tribunal Internacional de los Crímenes de la Iglesia y el Estado, en Bruselas, en el Palacio de Común de Justicia.

De ser ciertas las acusaciones, un nuevo escándalo azotaría a la iglesia Católica. Uno caso que no es nuevo pero, a diferencia del resto, acusa directamente a un Papa y representante del Vaticano que hace lo imposible por ocultar toda evidencia contra la iglesia.

 

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