Sara S. Pozos Bravo

Los Balcanes y nuestras crisis

Al sureste de Europa, en la zona conocida como Los Balcanes, las crisis llegaron hace mucho tiempo y se quedaron. Han sido de cualquier tipo pero hoy se habla de crisis humanitaria. Cientos de miles de desplazados y refugiados anhelan recibir asilo político en Austria o en Alemania. La canciller alemana –sin duda alguna la mujer más influyente en el mundo y la que mejores decisiones ha tomado en los últimos años en el mundo de la política- Angela Merkel, ha marcado la historia de la Europa rica encabezada por su propio país con políticas incluyentes, regionales, basadas en los principios democráticos y en los derechos humanos. En el contexto actual, los “coyotes” serbios que han implementando una red de tráfico humano que inicia en la Grecia y Macedonia modernas, se intensifica en Kosovo, Bosnia y Montenegro y se agrava en Serbia, ofrecen salvoconductos hasta la misma capital de Austria, en Viena, a más de medio millón de refugiados que viven tras el enrejado en la frontera con Hungría en donde esperan recibir asilo político en cualquiera de los países del espacio Schengen. Todos los días, la policía de Austria rompe las puertas traseras de los camiones abandonados o capturados por la misma policía en donde son trasladados cientos de indocumentados abandonados a su suerte. En lo que va del año, la policía de ese país ha reventado más de 100 bandas dedicadas al “coyotaje” en la zona.

Algo similar sucede en México. Aquí también las crisis llegaron y nunca se fueron. Aquí también, miles de mexicanos buscan refugio en el país vecino y también arriesgan su vida con los coyotes. Pero aquí no se habla de crisis a pesar que nuestra tasa de desempleo es mayor que la de Grecia, a pesar de que nuestro ingreso per cápita es menor que el de Turquía y que nuestra tasa de crecimiento es peor que en Croacia. Pero a diferencia de Europa, aquí Peña Nieto no tiene la más mínima idea de lo que es gobernar un país así que tampoco sabe qué es tomar decisiones con base en los principios democráticos y en los derechos humanos. Aquí, la policía no revienta las redes del tráfico humano, nadie es encarcelado y nadie recibe por derecho la justicia que le corresponde. La impunidad se ha convertido en el pan nuestro de cada día y la corrupción, la bandera política de funcionarios que confunden sus obligaciones con supuestas acciones que –esperan- sean aplaudidas por todos los mexicanos.

Nuestro fracaso, sin embargo, no puede ser comparado con el fracaso en la zona de Los Balcanes. Nuestro fracaso es mayor en todos los sentidos porque los cincuenta millones de pobres en el país constituyen, por sí solos, en la peor crisis humanitaria de este lado del Atlántico. Nos hemos acostumbrado a vivir en la mediocridad política, en la mendicidad económica y con la miseria ética de sus políticos. Ese ha sido nuestro mayor error y eso nos ha convertido en lo que hoy somos, un país en el que la crisis y la política se mimetizaron desde hace mucho tiempo.