Sara S. Pozos Bravo

Ayotzinapa y los Derechos Humanos

México arde en términos sociales. Se hunde en términos económicos. Se despierta porque la conciencia de muchos ciudadanos está en alerta y esa es la mejor esperanza de los que amamos a este país. Los datos duros ahí están y nadie los puede negar: desempleo a la alza; salarios precarios que han convertido al país en el de mano de obra más barata del mundo, por encima de China; incremento a las violaciones de Derechos Humanos y un largo etcétera.

La desaparición forzada de 43 jóvenes y los testimonios de los sobrevivientes son escalofriantes. Nos deberían de obligar a repensar seriamente lo que somos como país y en dónde nos han puesto nuestros gobernantes que siempre utilizan el doble discurso político: el que promete pero a la mera hora no cumple, o el que cumple a medias, si bien nos va. Siempre le fallan a sus gobernados quienes, lamentablemente, se han acostumbrado a verlos como señores feudales y no como representantes de sus electores a quienes les deben de rendir cuentas por sus acciones. La responsabilidad entre gobernantes y gobernados es recíproca y es igual para ambos.

Ahora bien, el tema de la violación a los Derechos Humanos en nuestro país no es novedad. El crecimiento de estas violaciones fue exponencial en los últimos años de la administración de Calderón. Pero de todas estas desapariciones, ninguna ha causado tanta indignación como la de los jóvenes normalistas. Por eso toda la comunidad universitaria, normalistas o no, salió a la calle y exigió, con toda razón, el regreso a salvo de los jóvenes. Al reclamo universitario se unieron luchadores sociales, ciudadanos, profesores, amas de casa… todo México pareció unirse en una misma exigencia, situación que hacía mucho tiempo no se daba.

Tal indignación debería, al mismo tiempo, ser canalizada brincando un escalón más al ya avanzado. El ejemplo de referencia han sido los chavos del Poli quienes, de manera inteligente y organizada, han ido sentando las bases para establecer el puente con el gobierno federal y exigirle, tal cual debe de ser, respuestas concretas a planteamientos concretos. El pliego petitorio presentado originalmente, fue adecuado por ellos mismos y, en una semana, hicieron propuestas de fondo para transformar al Instituto Politécnico Nacional: transparencia y rendición de cuentas, autonomía universitaria, elección directa de rectores y gobierno, son algunas de las demandas que hacen los estudiantes. El escenario para ellos se prevé positivo: en las circunstancias actuales, el gobierno federal no podría negarle nada a los jóvenes por la simple y sencilla razón que tienen todo el derecho a recibir una respuesta favorable.

Será difícil cambiar la partidocracia y el sistema político mexicano que tanto daño han hecho al país, pero en la medida que los ciudadanos tengamos viva la conciencia social y estemos mejor informados, el cambio se dará cuando exijamos con inteligencia y organización, respuesta a nuestras demandas.

 

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