Sara S. Pozos Bravo

Aristegui

Se ha convertido en ícono del periodismo de investigación. Las generaciones más jóvenes la siguen y admiran, sobre todo aquellas con cierto nivel de escolaridad. Se ha ganado a pulso el cariño sincero de la gente y el encono del poder político. Aristegui es una perfeccionista y eso, no gusta a mucha gente. Su trabajo ha sido dar voz a quienes no la tienen y enarbolar causas dejadas al olvido. Es contundente en sus señalamientos y eso no es bien visto ni por los empresarios con los que ha tenido problemas, ni con el poder político. Aristegui es Aristegui. Es respetada y querida, es aguda y crítica, pero nadie le puede cuestionar su integridad y su profesionalismo.

Aristegui representa un hito en el periodismo de investigación en el país, no sólo por el tema de la Casa Blanca sino por toda su trayectoria en sí. Porque ha insistido en el respeto irrestricto a la libertad de expresión. Porque ha luchado contra la censura. Porque no ha dejado que el poder político, su corrupción y su alcance, se acerquen a ella. Porque ha comprobado la manipulación de la información, las redes del flujo de dinero de y hacia los medios de comunicación desde el poder mismo. Por eso el tema de su reciente problema con MVS es lo de menos porque las formas, cuando se lucha con el poder político, se convierten en pretextos, y el fondo se convierte en la razón. Uno primero –el pretexto- seguido de la razón, le asisten a Aristegui. Van de la mano. Pero en un país como el nuestro, el poder político siempre se va a imponer.

La periodista y conductora de noticias sabe que no le dejarán volver a su espacio en MVS. No reinstalarán a su equipo de investigación y como esa es una condición, no habrá arreglo. Aún así, apenas hace un par de días, leyó un duro pero claro documento en el que hace una invitación a dar vuelta a la página y retomar su espacio. El tema y las razones son claras: estando fuera del aire, el país entero pierde. Así que su regreso, aunque urge, aunque es demandado, no será sencillo y habrá que hacer concesiones de ambos bandos si se opta por la vía diplomática.

Aristegui representa la redefinición del derecho en sí mismo. No sólo es defender la libertad de expresión en su más amplio concepto, sino hacerlo bajo el criterio de ser responsable y sin lesionar otros derechos. Es entender hasta dónde y bajo qué principios se debe de ejercer ese derecho. Es conocer de las redes de poder y de cómo un espacio y un grupo de personas con principios y vocación, pueden ser paradigmas de su propio desnudo, desnudando al poder público.

Por eso el tema de Aristegui es más que relevante, es fundamental para el presente y trascendental para el futuro. Es histórico porque su propia trayectoria así ha sido. Es de interés público porque ella misma se ha convertido en un actor de opinión indispensable para la democracia, por encima de las instituciones. Es internacional y en ello va el prestigio de un país cada vez más asediado, más débil y con menos esperanzas.

 

www.sarapozos.mx