Sara S. Pozos Bravo

Agosto 14

La vida de La Luz del Mundo es el apóstol de Jesucristo, hermano Samuel Joaquín Flores. Y la vida de él es La Luz del Mundo. El apóstol y su Iglesia se aman, se necesitan, se extrañan, se lloran. Su relación y el conocimiento que ambos se tienen se consolida, se perfecciona. Y sí, se incrementa. Queda claro, más que claro, lo que el hermano Samuel representa en la vida de los creyentes y ha sido más que evidente lo que los creyentes significan en la vida del elegido por Cristo. Su presencia el pasado jueves irrumpió el corazón de los creyentes y lo estrujó. Entonces, la espera llegó a su fin. El temor, también. El dolor, desapareció. La lucha de la consciencia, se acabó.

Porque La Luz del Mundo creyó en el sacrificio de Jesucristo, efectuado hace más de dos mil años y por eso se reunió el pasado jueves. Porque su fe enseña a un Cristo no crucificado, sino redentor e intercesor de los seres humanos. Porque para participar de este Memorial Sagrado, debieron de haber viajado miles de kilómetros, ahorrado –quizá- todo un año y, posiblemente haber perdido sus trabajos.

El 14 de agosto, es de por sí el día más esperado por los fieles de La Luz del Mundo, porque de acuerdo con la fe, participan de la misión que Jesucristo traía de acercar lo que había sido alejado, de traer lo que había sido dispersado, de hacer de sí la paz reconciliando al mundo mediante su sacrificio. Por cumplir esta misión Cristo tuvo que padecer persecuciones, experimentar sufrimientos, ser menospreciado, soportar el vituperio, sucumbir ante la muerte… y muerte de cruz, dice la Biblia. Era el fin de su vida pero el principio de la reconciliación del hombre con el Creador. Ese momento, ese instante en el que Jesús ora con sus discípulos; esos minutos en el que busca a sus amigos y llora amargamente; esas horas que transcurren entre la crucifixión y su resurrección, es el recuerdo de lo que La Luz del Mundo vino a recodar –y viene a recordar cada año-, porque al hacerlo, esa fe le recuerda a todos los ajenos que Jesucristo ha de regresar una vez más al mundo.

Eso es lo que el apóstol de Jesucristo, hermano Samuel Joaquín Flores, ha transmitido a los creyentes. Al hacerlo, les ha dado una esperanza de una vida posterior a la presente, a cambio de una vida que les permita estar viviendo de acuerdo a los principios cristianos de la humildad, la caridad, el perdón de las ofensas, la atención a las personas en situación de vulnerabilidad, el derecho de los niños, entre otros valores.

Por eso, el pasado jueves, literalmente, los creyentes querían detener el tiempo que transcurría de manera inexorable. No querían que terminara el evento, pese a las más de doce horas apostados en las calles de la colonia y las más cercanas a Hermosa Provincia. Querían seguir orando, cantando, otra vez cantando y otra vez orando. Así fue el jueves y todos los días, así es la vida de los creyentes de La Luz del Mundo bajo la autoridad apostólica del hermano Samuel Joaquín Flores.

 

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