Sara S. Pozos Bravo

Adiós, García Márquez

Grande entre los grandes. Hombre de letras y de ideas. Hombre de pasiones e imaginaciones. De esa generación del siglo pasado que por muchos años no tendrá comparación alguna. De ese puñado de intelectuales cuyo pensamiento quedó plasmado en su literatura. De esa literatura narrativa, novelera, creativa. De los textos de Cien años de Soledad a Memoria de mis putas tristes. De Noticia de un Secuestro a El Coronel no tiene quien le escriba. De Colombia para el mundo. Quizá la mayor aportación de una nación al mundo de las letras.

Sí, se ha ido García Márquez. Sí, a partir de ahora, ya no serán Cien años de Soledad sino “Un año sin Gabo”. Personalmente, me gusta mucho más que otras novelas, la primera parte de su autobiografía Vivir para contarla. Escrita en narrativa, exquisita y única, Vivir para contarla es, como toda la obra de García Márquez, cautivante. Para los amantes de las letras y los libros, toda la obra del colombiano es obligada. Para las generaciones actuales, que creen en el Facebook y el Twitter, que leen en la tableta o se ponen audífonos para “escuchar” el audiolibro, García Márquez es ese referente de la literatura latinoamericana que todo mundo cita.

Don Gabriel García Márquez nos deja un legado impresionante, difícilmente superable, casi único en el mundo de las letras. Será la máxima figura representativa del denominado “realismo mágico”. Será, también, el hacedor de uno de los mundos narrativos más densos de significados que ha dado la lengua española en el siglo XX. Será el hombre de las letras, así, a secas. Cualquier calificativo es pequeño para describir la transcendencia de su obra, de los personajes de sus obras.

García Márquez será ese “… inventor de fábulas que (…) -como dijo en su discurso de aceptación del Nobel de Literatura en 1982- “… todo lo creemos, nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía, donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”. Ese hombre que comenzó a ser escritor a la fuerza, que escribía para que quisieran más, que amaba –decía él- más la música que la literatura, que si no escribía moría y moría cuando escribía, que le interesaba el poder (como escritor) porque resumía toda la grandeza y miseria del ser humano.

Volverá a leerse. Siempre habrá alguien con un libro de García Márquez en sus manos. Ese será su mayor legado. Su obra cumbre, Cien años de soledad, lo reflejaba tal cual era él: “Cuídate el corazón … te estás pudriendo vivo”. Con la muerte de Gabriel García Márquez nace la leyenda, se agiganta el escritor y perdurarán las magníficas letras que fue escribiendo a lo largo de su vida. La enfermedad que le privó de la memoria los últimos años de su vida no podrá impedir que sus letras sean recordadas por muchos años más, porque esa es la vida que él vivió, con la que hizo magia para siempre.

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