Urbi et Orbi

La vía láctea

Hace una semana que compartí en este lugar y en redes sociales mis opiniones sobre los mensajes centrales que hacen fracasar la lactancia materna en nuestro país, algunas lectoras me comentaron que compartían mis argumentos pero rechazaban que la lactancia materna “se impusiera” como la única vía correcta de criar a un hijo lo cual llevaba a juzgar moralmente a madres que no prosperaban en dicha práctica o que libremente decidían no amamantar. Recordé un debate bloguero que sostuve hace unos años cuando una amiga expresó en un foro virtual que sentía que temas como la lactancia materna o la estimulación temprana de los infantes se sobreestimaban en el desarrollo de los hijos y eran modas que se imponían a las mujeres, exigencias sociales a las que se tenía que responder para calificar de “buena madre”.

No creo que la lactancia materna esté sobreestimada y tampoco de moda; de hecho, campañas como la criticada “No le des la espalda, dale pecho” que intentó utilizar como gancho a personajes de la farándula, equivocan al intentar volver glamoroso o de moda lo que debiera ser una práctica cotidiana, saludable y gozosa para madres e hijos, garantizada para todas las mujeres con independencia de su condición social o laboral.

Entiendo que algunas o muchas mujeres que han decidido no lactar o se han visto imposibilitadas de hacerlo por padecimientos asociados al alumbramiento sientan un juicio sobre esa decisión. No comparto en modo alguno esos juicios pero quiero insistir que centrarnos en dichos casos desenfoca la problemática social y cultural sobre la lactancia en México.

En mi opinión, lo que se le impone a la mujer mexicana son los obstáculos para una maternidad saludable, que incluye la lactancia, tanto desde el diseño de derechos y condiciones laborales como en los mensajes erróneos que hacen muy fácil diluir las implicaciones negativas, por ejemplo, de no lactar de modo exclusivo y por tiempo prolongado, o en un extremo más perverso, hacer recaer la responsabilidad en las madres que no quieren amamantar por “razones egoístas”.

Si se sigue sosteniendo que las fórmulas lácteas son “tan buenas como la leche materna” al punto que muchos pediatras en la atención privada y en la pública validan su introducción a sabiendas que eso hará claudicar en la lactancia, la demanda por ampliar los días de licencia por maternidad, los horarios y condiciones para  lactar cuando se regresa al trabajo o la instalación suficiente de guarderías confiables cerca de los lugares de empleo simplemente no aparecerán en el horizonte de las políticas para incrementar la lactancia materna, ni de las demandas sociales que abanderen luchadoras sociales o los partidos políticos.

Aunque sea en el ámbito de las políticas publicas donde podamos ubicar los principales puntos de cambio para que en México amamantar no sea una apuesta heroica ni una carrera de obstáculos, creo que socialmente hay muchos frentes para contribuir a un mejor contexto para el ejercicio de la maternidad.

Mencioné ya el de los profesionales de la salud que a pesar de que conozcan médicamente todo lo relacionado con la lactancia, parecen ser más sensibles a los promotores de laboratorios que les dotan de muestras de formulas lácteas para regalar a sus pacientes, que a escuchar y colaborar con las madres que buscan establecer la lactancia.

Muchos médicos y enfermeras repiten o validan dichos populares carentes de verdad como que una mamá “no tiene suficiente leche”, “con lo que le sale no llena al niño”, “el niño no aprende a pescarse del seno”, “hay que completarle con te o fórmula láctea para que se le vaya para arriba el bebé”, en lugar de revisar concienzudamente si la práctica de la mamá requiere unas orientaciones para ser más exitosa o menos traumática, si el menor no presenta alguna malformación que limite su habilidad natural para mamar, entre otras.

En otros países hay un desarrollo muy hermoso y comprometido de asesoras de lactancia que son mujeres que dedican su tiempo a acompañar a noveles madres; forman redes que en los días más críticos acuden al llamado de mujeres con dudas o problemas prácticos o emocionales para amamantar, los cuales, como dije en el artículo pasado, pueden ser muy variados y exigen atención, no minimización.

Vaya, en nuestro país hasta el desarrollo tecnológico y el sector comercio tiene tareas pendientes para favorecer la lactancia. Resulta lamentable que los aparatos para extraer y conservar leche materna tenga una oferta tan marginal y costosa. Los mejores extractores, no los manuales que son muy fatigosos e ineficientes, son importados, muy caros y las refacciones o repuestos ilocalizables. Creo que si más madres tuvieran acceso a estos aditamentos, sea en mesas de regalos, en los babyshowers, o a través de asociaciones que los prestaran con cuotas bajas para su mantenimiento o sustitución,  la lactancia no vería el dramático quiebre que enfrenta cuando una madre regresa al trabajo a los 43 días del alumbramiento.

En resumen, mi punto es señalar las vertientes que se han desarrollado laboral, cultural y comercialmente para distraernos del derecho a una maternidad saludable y gozosa, que traiga asociada la hermosa y enriquecedora posibilidad de lactar.


saranoemi@gmail.com