Urbi et Orbi

Los dueños del interés público

Entre los centenares de leoneses que cada día nos encontramos en las pistas de atletismo, en las minideportivas o en las calles solitarias entrenando un domingo por la mañana, la nota empezó a correr antes que en los medios: que este año no habrá la tradicional carrera nocturna en el Parque Metropolitano norte porque la nueva directiva del Parque “trampeó” la organización que corría a cargo de ciudadanos y promotores externos para lanzar un evento propio.

En la semana que concluyó, los organizadores encabezados por Cecilia Liceaga y Juan Carlos Galván expusieron ante la prensa las dificultades y el trato engañoso que recibieron de parte de Daniel Olaf Gómez, ex regidor verde del Ayuntamiento y hoy director del Metropolitano. En resumen, sostuvieron los ciudadanos que en julio pasado iniciaron las gestiones con la directiva del Parque, misma que se comprometió a buscar patrocinadores para las playeras y premios, pero que a mediados de septiembre, a menos de un mes de la fecha de la justa, les comunicaron que no habían obtenido el patrocinio esperado y, no sólo eso, que debían entregar 350 mil pesos para continuar con la organización del evento. El colectivo de atletas al frente de la organización no aceptaron estas condiciones y optaron por cancelar la carrera. En su dicho, días después, se enteraron que el Parque lanzaba su propia competencia, en fecha, horario y distancia similar (último fin de semana de octubre, por la noche, a correr 7-10 km) llamada “Carrera Neón” y que la dependencia paramunicipal les había “madrugado” en el trámite de registro de marca de la carrera original.

Días después, Daniel Olaf Gómez tuvo un encuentro con la prensa para ofrecer su versión. Negó que él, como representante del Parque, le hubiera pedido 350 mil pesos al comité organizador de la carrera nocturna y sacó otra cifra, de 280 mil pesos, que los organizadores le solicitaban como patrocinio y que, en su dicho, no iba a regresar en modo de ganancia para el Parque y que, además, se pretendía comprobar fiscalmente con una factura por un concepto diverso. Dijo Daniel Olaf: “Mi responsabilidad me decía que no podía dar ese dinero, aun y cuando la carrera persigue fines interesantes, pero mi trabajo es defender el interés del Parque, el de todos los leoneses”. Los organizadores por su parte defienden su proyecto ciudadano que busca promover el deporte y la convivencia familiar y que se ha destacado por entregar los remanentes del evento cada año a una organización asistencial.

La contraposición de actores en torno al interés público se ejemplifica con nitidez en este caso. Por un lado, los atletas organizados quieren conservar la conducción y recibir respaldo material del Municipio para realizar un proyecto que, no creo equivocarme, fue de los pioneros en popularizar la práctica atlética en la ciudad que hoy arroja la realización de más de 50 carreras al año en la ciudad. Por el otro, un funcionario público se maneja con su propio y particularísimo entendimiento de lo que es bueno y rentable para la entidad paramunicipal que dirige y desde la cual quiere proyectar determinados resultados que le sean reconocidos primordialmente a él y a su partido, el PVEM.

Pese a las dudas que deja la información vertida hasta ahora, atrás de los movimientos de Daniel Olaf percibo una actitud ventajosa y desleal para estropear un evento atlético en el que él no es la guía ni la estrella, al mismo tiempo en que el joven político se ocupa de plantear un debate que trasciende este caso y que, un día sí y otro también, y no sólo en el ámbito municipal sino también en el estatal, gravita sobre las políticas de patrocinio de eventos “privados” con recursos públicos y sobre cómo cuantificar los retornos o ganancias que legítima y obligadamente una entidad púbica debe procurarse.

En este sentido, el Parque Metropolitano norte ha sido escenario para decenas de eventos –el principal está a la vista y se llama Festival del Globo- en que esta discusión se esconde, se hace como si no existiera y, la mayoría de las veces, se adopta el discurso empresarial de la derrama económica, los productos turísticos o la promoción deportiva para canalizar todo tipo de donativos, apoyos y patrocinios a organizadores privados que, proporcional al éxito de “su evento”, cada año van escalando sus exigencias a las entidades públicas. Entrados en la dinámica promocional o publirrelacionista, o en órbita del negocio personal, muchos funcionarios y gente de gobierno accede a ellas con más alegría que conciencia de su papel como servidores públicos.

No estoy afirmando que Olaf haya entrado ya en esa lógica pero quiero matizar ese papel de defensor del interés público que para el caso adopta. Me consta la actitud del funcionario verde ecologista para hacer inviable que los ciudadanos acudan a las sesiones públicas del Consejo Directivo del Parque, que en la norma es la máxima autoridad de la dependencia y a quién él debe responder. Este órgano debe sesionar mensualmente, pero desde que Olaf llegó a la dirección, ha sido imposible obtener con oportunidad las fechas de sus juntas. Cada mes, su asistente da largas a la solicitud (“está en recorrido por el parque”, es la respuesta más común) y cuando la llega a proporcionar, resulta que fue errónea o que se adelantó la fecha de la reunión o se pospone hasta un improbable aviso. He escrito por los canales que el mismo Olaf dispone para “comunicarse” con él (FB, twitter) sin tener respuesta alguna. Urgida de saber si ése Consejo seguía en funciones, hace unos meses pedí las Actas de sesión que, dicho sea de paso, debieran ser públicas sin mediar solicitud. La oficina de Olaf, a través de la UMAIP, entregó un conjunto de Actas sin firmas, omitiendo curiosamente la correspondiente a la sesión extraordinaria de inicios de noviembre en que el Consejo directivo, cuyos cargos aún no eran ratificados por el Cabildo, le contrataron como director y aprobaron seguirle pagando como asesor al director previo pues estaba en marcha el evento estrella del Parque, el Festival del Globo.

En todas las actas que se me entregaron se constata que el Consejo nunca ha logrado el quórum en primera convocatoria: cada mes participan unos 4 de los 9 integrantes ciudadanos que vienen de la anterior administración (sólo en dos reuniones han estado 6 de 9), mismos que han aprobado las iniciativas del funcionario verde, en especial las relativas a “reforzar la imagen” del parque, como contratar despachos de publicidad externos (100 mil pesos en tres meses), rediseñar el organigrama de la dependencia y subir sueldos a empleados del área de redes sociales, contratar “call centers”, entre otras.

En ésas juntas no se ha puesto en revisión el tema de los patrocinios a eventos, como el del festival Estruendo, promocionado por uno de los consejeros, ni el tipo de colaboración con colectivos ciudadanos o empresas privadas como el “mercado orgánico” en Los Cárcamos, dependiente del Metropolitano, ni tampoco el Festival del Globo o la Carrera Nocturna que ahora le parece inaceptable.