Urbi et Orbi

Tras los contratos de la basura

Dos años y medio y estamos nuevamente en medio de una crisis por la recolección de basura en León. En Octubre de 2011 el tema era la aprobación que había hecho el Ayuntamiento para instaurar un centro único de acopio de residuos reciclables a favor de una empresa llamada Lyrba. La oposición de PRI y PVEM, hoy coalición gobernante, reclamaba entonces que la mayoría panista del Cabildo, los había “chamaqueado” con esa autorización de un monopolio y exigía su reversión a favor del “trabajo libre” de los pepenadores.

En descargo de la fracción panista del Cabildo actual hay que decir que los y las regidoras del blanquiazul al menos sí se dieron cuenta en el momento en que se presentó y aprobó en el pleno la propuesta de migrar el esquema vigente para la recolección de desechos de una fórmula de permisos a particulares a un modelo de concesión a 20 años, vía licitación pública nacional.

Fuera de ello, no encuentro diferencias sustanciales entre ambos episodios, por más que los políticos, alternando posiciones de gobernante-oposición, insistan en que el origen de sus decisiones sea atender quejas de los ciudadanos, mejorar las condiciones de servicio de recolección o buscar que el Municipio gaste menos, o mejor, en uno de los servicios públicos inherentes a su ámbito de responsabilidad, incluso, en responder un llamado a “modernizar a la ciudad y darle el servicio que se merece” a partir de que nos recojan la basura con vehículos último modelo.

De cualquiera de los bandos partidistas podrían llegar objeciones a mi afirmación: que no es lo mismo un contrato a dos años (Lyrba) que una concesión a 20 (la que está en curso); que el objetivo, en octubre de 2011, era proveerle al municipio recursos para disminuir el gasto que se hace en la recolección, mientras que con el modelo de concesión lo que León termine pagando por el mismo servicio será mucho mayor; en la operación Lyrba, los que perdían eran los que “le robaban” al municipio y ahora se trata de terminar con “familias que acaparan” contratos.

Esas diferencias de temporalidad o estatus del instrumento legal o de discurso con que se justifican las decisiones, no hacen más que ofrecer elementos adicionales para lo que tenemos a la vista: aunque se cambie de permiso a concesión, si la recolección la prestan cinco familias o una empresa, no se tiene por ningún lado un modelo de gestión integral de los residuos urbanos.

No lo existió porque la discusión en el Cabildo, cuando se aprobaron las bases de la licitación, se enfocaron en los aspectos de quién puede entrar al negocio o a quién se le deja deliberadamente fuera; qué modelos de camiones hay que tener para operar el servicio, cuánto dinero en bancos y cosas así. Las declaraciones a medios de comunicación de la Alcaldesa y regidores han abundado en esto.

Tampoco lo ha existido la expresión de un sistema integral de manejo de residuos de la ciudad por parte de los integrantes honorarios o del Director del SIAP. En especial, puedo dar testimonio de que durante esta administración (entre que renovaban al Consejo Directivo, corrían al anterior director e integraban al actual) ha sido imposible obtener con oportunidad las fechas de sus sesiones y en consecuencia acudir a observarlas; lamentablemente no sé quién puede decir hoy que existió trabajo técnico y ciudadano promoviendo o respaldando esta decisión.

Ciertamente, el Programa de gobierno 2012-15 hace mención de la gestión integral de residuos con siete Acciones y seis Metas, una de las cuales, por cierto, era “convenir con empresas recolectoras” y no necesariamente migrar al modelo de concesión.

Es verdad que los instrumentos legales pueden contener algunos o muchos rasgos de lo que la política pública quiere orientar o cambiar, en este caso, en el tema de la basura, pero al no conocer la totalidad de la convocatoria de concesión es imposible saber si alguna de las cláusulas contiene o prefigura algo en este sentido.

Conversé con el regidor Eugenio Martínez y le pedí algún indicio de que más allá de cambiar la forma legal de quién nos recoja la basura estamos ante una política articulada para reducir el volumen generado de residuos, aumentar la separación y el reciclaje y mitigar los impactos que de cualquier modo hacemos al ambiente.

Me ilustró que la licitación divide la ciudad en tres sectores, pero no pudo precisarme a qué obedeció dicha división o qué derroteros tiene; que a una empresa se le puede adjudicar, a lo mucho, el servicio en dos zonas por lo que no se pondrá todo el servicio en las manos de una única empresa, lo cual previene una posición de dependencia total del municipio; que cada empresa participante en la licitación propondrá las rutas con que cubrirá las zonas en las que le interese participar, el número de personas con qué integrar sus cuadrillas o, incluso, el tipo de vehículos con que operará el servicio, es decir, que podrán ser camiones 2014 o 2016, pero no necesariamente de recolección separada. Eso sí, según el síndico, las empresas se comprometen a algo así como “adecuar sus esquemas” a las decisiones de política que le marque en el futuro el Municipio.

Repito, no tengo las bases de la licitación a la mano aunque solicitadas están, pero qué garantías puede haber para que los diferentes rumbos de la ciudad reciban el servicio con los mismos estándares (frecuencia, cercanía); dónde se ha visto que una empresa acepte que le cambien las condiciones del servicio luego de que ha firmado el contrato; qué candados se le ponen a las empresas para que no sustraigan desechos valorizables durante la recolección; qué sanciones se les imponen en caso de escatimar la seguridad social y los salarios adecuados a los peones de la recolección, como hasta la fecha han hecho los permisionarios. Ésas son preguntas que quizá se resuelven leyendo la licitación, pero lo que muy probablemente siga en el misterio es qué dice el diagnóstico integral sobre el manejo de los residuos a que se comprometió esta administración, dónde están las 100 mil viviendas que se puso como meta para que realicen la separación de residuos, en qué cota se ha fijado la reducción del 10% del volumen de basura que se disponen en el relleno. Mientras no se nos ofrezca una respuesta a éstas cuestiones, seguiremos hablando de la basura en su vertiente de negocio, no de los residuos y su relación con nuestro ambiente sano.

saranoemi@gmail.com