Urbi et Orbi

Planeación en reversa

En estos días de furor consumista navideño se acentúan y multiplican en León las experiencias de un tráfico congestionado y lento, que otras ciudades como el Distrito Federal tienen algunos años padeciendo hasta el alucine. Si en eventos masivos de la ciudad como la Feria o el Festival del Globo se percibe como un signo de éxito las vialidades llenas de autos y los estacionamientos de centros comerciales abarrotados, su prolongación en el cotidiano movimiento de los citadinos arroja muchas horas de frustración, irritación y la constante pregunta: ¿acaso las autoridades no ven esto y no hacen algo para solucionarlo?

En especial los que por trabajo o residencia se mueven en auto o bus entorno a la salida a Silao saben que hay tramos y horarios de miedo, en que lo único predecible es el retraso y un tanque de combustible en vaciamiento inútil. Nada menos, ayer el periódico local a.m., titulaba su nota principal “Saturan 50 mil autos el bulevar Aeropuerto”.

La complejidad vial y comercial en el eje carretero de la 45, especialmente entre León y Silao, no es cosa nueva y las autoridades y los planeadores han pensado en ciertas soluciones. Una de ellas ha sido la autopista León-Salamanca, ya en construcción, que se estima vendrá a aliviar algo del tráfico de largo itinerario que cruza el tramo. Otra de las soluciones proyectadas es el Eje Metropolitano, o prolongación del bulevar Juan Alonso de Torres. Actualmente está construido hasta bulevar Delta pero parece ser poco lo que ha resuelto porque el cruce de dicha avenida con el bulevar Aeropuerto es uno de los puntos neurálgicos de toda la conflictiva.

 Planteado así el problema, la exigencia de que se retome, agilice y extienda el Eje metropolitano que nos saque hasta Silao, suena lógica y hasta urgente. Pero hay quienes, como yo, creemos que sería una política con más inconvenientes que soluciones integrales, no sólo para León sino para toda la Zona Metropolitana, que involucra a Silao, San Francisco y Purísima.

Planteado como está (vialidad primaria con tres carriles por sentido, de libre circulación) el Eje metropolitano extendería de modo absurdo e innecesario los límites urbanos actuales, ampliaría las áreas baldías (que desperdician servicios públicos y tributan prediales bajos) y dispersaría aún más la vivienda en la periferia que exije a su vez, equipamientos sociales para los más alejados y se orilla a emplear más y más autos para moverse hacia la ciudad. La vuelta a la saturación vehicular es cuestión de pocos años, muy probablemente menos de lo que tardemos en terminar de construir ese flamante Eje.

La incomodidad que urbanísticamente causa la planeación y ejecución del Eje metropolitano está lejos de ser una cosa aislada. En el Taller internacional de Les Ateliers los cuatro equipos tocaron en alguna de sus propuestas la necesidad de no llevar a cabo ese plan, de no favorecer la ciudad lineal de León conurbado con Silao, de no continuar con el derroche del recurso suelo, de no impactar con más desarrollo urbano el paisaje rural, agrícola –al sur- o de convivencia con el límite montañoso –al norte-, de no desequilibrar aún más las  inversiones públicas en el viario en detrimento de la construcción de un sistema integrado de transporte metropolitano. 

Como anécdota, en la presentación pública de resultados que cada equipo de Les Ateliers hicimos a los presidentes municipales de la Zona Metropolitana, el alcalde de Silao expresó que a él tampoco le gustaba el trazado del Eje metropolitano y las implicaciones urbanas para su municipio pero como ya estaba en los planes tocaba encogerse de hombros. 

¿En realidad los planes urbanos son irreversibles? Y en el caso que abordamos, si no se construye el Eje metropolitano Alonso de Torres ¿qué nos queda para resolver el tráfico y ordenación de la carretera 45?

A la primera pregunta hay que responder que además de una discusión seria que debe darse en los institutos de planeación (IPLANEG, IMPLAN e IMPLUS, principalmente) sobre esta proyección vial, hay que cambiar el chip a nuestros alcaldes y diputados a la hora de lograr presupuestos para este tipo de obras. No sirve a la sociedad ni se trasciende con ponerse la casaca de “diputada metropolitana” y anunciar que se consiguieron cientos de millones para un nuevo bulevar que aunque también se adjetive de metropolitano, en realidad no construye una movilidad coherente, multimodal  e integradora de nuestras ciudades y sólo agrega problemas a las mismas urbes.

 Sobre lo segundo, si no se termina la construcción del Eje metropolitano hay muchísimas más acciones para ordenar y mejorar el tránsito cotidiano por la 45, y en general en las ciudades. Algunas se expusieron en las propuestas de Les Ateliers, muchas más están esbozadas en el documento “Fase estrategia del estudio del Sistema integral de transporte sobre el corredor industrial de la carretera 45” que el IPLANEG pagó con recursos del Fondo Metropolitano. No todas son de dinero, hay varias de estudio jurídico, institucional y financiero para integrar las concesiones de buses municipal, suburbano e intermunicipal. Otras hablan de un mayor rigor en el ordenamiento de usos de suelo a lo largo de la carretera y por supuesto, de contar con mejores estudios sobre el comportamiento de los flujos vehiculares, los nodos de conexión de movilidad que ya se dan pero con un buen componente de caos e inseguridad. En general, todo apunta a la construcción de un sistema metropolitano de transporte y ojalá quienes padecemos cotidianamente el tráfico de salida o entrada a León, Silao, San Pancho y Puri seamos muy enfáticos en pedir mejores soluciones que nuevas avenidas.

saranoemi@gmail.com