Voces callejeras

La película del ébola

Creo que me acostumbré a los virus letales de cada año. Ahora, es el ébola quien desembarca en nuestra psiquis con la misma furia que sus predecesoras. Idéntico formato mediático y similar terror global. Fotos y videos acompañan lo que representaría una pandemia de proporciones apocalípticas. Aeropuertos cerrados se suman cada semana y las potencias mundiales ejercitan mensajes esquizofrénicos ante una problemática que nos tiene desorientados.

¿Qué ocurre realmente? Primero, lo veraz: Un virus con una mortalidad del 90% ha extendido sus fronteras naturales. Segundo, lo subjetivo: nos espantamos porque creemos que nos contagiaremos con respirar a centímetros de los enfermos.

De la combinación de las dos conclusiones anteriores se desprende la actualidad que estamos viviendo. Medios de comunicación inescrupulosos han alterado numerosos videos para documentar las noticias sobre el ébola. Pareciese que toda imagen debe relacionarse con trajes amarillos y máscaras a prueba de todo. Si la televisión no las muestra, significa que el virus no es el ébola.

¿A qué me refiero? Ejemplos hay muchos, pero citaré una cadena informativa global que debería ser confiable. TVE (Televisión Española) publicó hace días un informe especial sobre el caso que recibió su país. Durante varios minutos, la audiencia observó cómo el hospital Carlos III demostraba una notable preparación para atender al primer enfermo y las imágenes eran impactantes.

Pero ¡oh sorpresa!, aquellas duchas desinfectantes y material futurista no eran españolas. Meses atrás, la agencia Reuters difundió las instalaciones del vanguardista hospital Charite en Berlín (Alemania) y ahora… la televisora ibérica las había editado para mezclarlas con el Carlos III. ¿Resultado? Una bochornosa práctica periodística y responsable de una desinformación tan profunda como antiética. Salvo una minoría demasiado analítica, millones de televidentes estarán convencidos que España corre grandes riesgos y que el Carlos III parece la NASA.

Les dejó el link de la nota original (Charite): http://theweek.com/article/index/266274/this-german-hospital-is-ready-for-an-ebola-outbreak y luego pueden buscar en YouTube el informe de TVE para confirmar el desastre mediático que vivimos.

Por eso mi asombro con este virus y sus consecuencias sociológicas. Hace muchos años que fue descubierto y los cuerpos médicos conocen a la perfección las limitaciones de la infección. No se contagia con estornudos o toses sobre nuestros hombros. No es la H1N1 y además debe haber sangre o intercambio de fluidos para alertarnos.

O sea, el foco infeccioso es mínimo para ciudadanos mexicanos como nosotros que vivimos en nuestra cápsula diaria. Tres países africanos están en alerta y los pasajeros nativos de la zona o médicos que viajaron son los únicos que registraron la enfermedad. ¿Qué deberíamos hacer? Tranquilizarnos y esperar que las organizaciones internacionales nos informen sobre alguna novedad más preocupante. ¿Cuál pudiese ser? Una mutación del virus que facilite los niveles de contagio. Si no, mientras tanto, disfrutemos la vida y aprendamos a leer estas noticias con filtros más minuciosos.

Y pensar que todo empezó con un murciélago en el río Ébola. ¿Por qué nadie nos cuenta esa historia? Es más hollywoodense y dramática. Parece que nuestras televisoras prefieren a los hombres de trajes espaciales y la incertidumbre que tanta infección pudiese causar. Me da risa que todos los días tengamos un enfermo en México y luego se desmienta, ¿se dieron cuenta? Está con madre esta película.

 

@santiago4kd