Voces callejeras

El niño que busca desaparecidos

Observar al niño buscando restos humanos me conmovió y hasta perturbó. Y aunque llevo 12 años documentando masacres y observando muchas de las postales más aborrecibles que pudieran generar los seres humanos; esta situación fue inquietante.

¿Cuán jodidos tenemos que estar los mexicanos para que un jovencito hurgue entre la maleza para localizar los restos de su hermano? Los desaparecidos forzados se enquistaron en nuestro país como un problema tan crónico como traumático para miles de familiares.

Mi frustración se exacerba porque hace 48 horas acompañé a mamás, esposas e hijos que decidieron salir a buscar indicios de sus familiares desaparecidos. Se organizaron en equipos y caminaron sobre el sector poniente del cerro de Las Mitras junto a un equipo de rastreo canino y un especialista en geolocalización que usó un dron.

No habían pasado 20 minutos de iniciado el rastrillaje cuando tres bultos de residuos y restos incinerados despertaron interés. Varios segundos después el perro ladró y confirmó que había presencia de restos humanos.

Y aquí freno mi crónica porque lo denigrante se relaciona con esos minutos; es decir: ¿Cómo fue tan fácil realizar el hallazgo? Es muy evidente que pudieran evitarse años de llantos y depresiones familiares si el Gobierno fuera más proactivo y encabezara estrategias profesionales de búsqueda en Nuevo León.

Eso observé en el niño y por eso me conmoví; también en esa madre que se cubrió de lágrimas apenas el perro ladró. Ellos salieron a buscarlos imaginando que no los encontrarían; tantos años de frustraciones los colocaron sobre estas búsquedas desgastantes que (inconscientemente) intentan cerrar un capítulo que también a ellos los mata por dentro. Y de pronto localizar un probable indicio forense de su hermano o hijo lo cambia todo.

Así los vi y nunca los olvidaré; revolviendo entre la mugre incinerada con voluntad inquebrantable que debiese retorcer de vergüenza a las autoridades que generan (desde su desidia) este círculo infernal que ni el mismo Dante hubiese imaginado.

Twitter: @santiago4kd