Voces callejeras

La mentira cubana de Obama

Ni ganas de aplaudir me dieron cuando escuché sobre la reapertura de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba. ¿Qué significó aquel mensaje simultáneo difundido por Castro y Obama a sus naciones? Mmmh… ¿les soy sincero? Poco y nada. Mínimas son las resultantes que pudiesen cambiar la vida de millones de personas que llevan años esperando un gesto. Se dijeron algunas palabritas bien elaboradas y nos creímos que el dramático presente isleño se transformaría.

Pero no, amigos, hoy no ocurrirá y mañana tampoco; olvídense del cambio cubano y hundámonos en la desesperanza de una realidad que debemos aceptar. ¿Por qué nadie nos dice la verdad? Demasiado ilusos nos vemos al comprar un mensaje que carece de fundamentos. ¿Qué estamos creyendo? No me digan que confían en Obama y su visión de estadista internacional. Mucho menos que se ilusionan con el enmohecido Castro torciéndole el brazo a los gringos.

Y les postulo estas dos posiciones porque son las más repetidas en los medios de todo el planeta. De un lado los que apoyan al visionario Nobel de la paz, y del otro quienes confían en la victoria de la cúpula socialista.

Según creo ¡tonterías ambas! ¿Me dejan contarles lo que pienso? Okey, primero focalicémonos en el contexto gringo. ¿Por qué ahora decide Obama meterse en tremendo debate? Muy fácil, está desesperado porque el índice de popularidad de su partido está por los suelos. Desde enero el Congreso será dominado por los republicanos y la paliza electoral de las intermedias les demostró que las presidenciales los tomarán en desventaja. El voto latino es esencial y Florida pudiese volver a definir una elección tan reñida.

Segundo, el mundo castrista está en coma desde hace meses. Preocupados por la baja histórica del precio del petróleo, el truco cubano para obtener ganancias de los barriles que le entregaba Venezuela se acabó. Es decir, los isleños recibían el combustible pero no lo usaban para sus autos; preferían transformarlo en divisas y darle oxígeno a su estancada economía.

Tercero, y vuelvo a Gringolandia… ni en mil años Obama podrá aprobar lo que tan bonito nos vendió en su discurso. Lo creería si fuese un dictador, pero en su sistema democrático la mayoría parlamentaria republicana le frenará absolutamente todo. Ya se manifestaron en contra los próximos candidatos a la presidencia y la posibilidad demócrata es nula. Primero fue Jeff Bush (centro) y luego Marco Rubio (Tea Party) que dijo: “Tendrá un par de años interesantes pensando como nominará un embajador y financiará la embajada”.

O sea, la retórica soñadora de Obama y Castro es letra muerta. Ninguno de los presidenciables observa con buenos ojos (ni siquiera el demócrata y latino, Menéndez) el debate sobre la cuestión cubana porque los últimos resultados fueron terribles. ¿Cómo? Sí, en Florida, cada candidato que utilizó el bloqueo para su plataforma perdió las elecciones intermedias. Entonces, si eso no es demostrarnos que los latinos están en contra de la negociación con Castro, ¿qué lo es?

Y con estas premisas concluyo sobre un concepto que mencioné recién: la clave es el bloqueo y todo lo demás son tonterías. Si quieren cambiar la historia deben levantarlo. ¿Pasará? NO. Obama nos enamora con palabras pero sobre la arena política lo están moliendo a golpes. ¿O qué? Es extraño pensar que el presidente no sabe que todo lo que prometió sobre Cuba topará contra la pared opositora. Ojalá, algún día, aprendamos a leer al demócrata para dejarnos de ilusionar con tantas ideas imposibles.

 

@santiago4kd