Voces callejeras

La mentira del "Bronco" y Elizondo

Llegó la hora de comprender las implicaciones de las candidaturas independientes (o periféricas) en Nuevo León. Y hago hincapié en la temporalidad porque percibo demasiado humo sobre aspectos que debiésemos observar con claridad. Como si me llorasen los ojos por acercarme demasiado a una fogata espesa, de ésas donde la leña húmeda expulsa una densa capa de humo blanco y te hace retroceder para restregarte la cara.

Porque Jaime Rodríguez Calderón y Fernando Elizondo generan una barrera para nuestros sentidos que debiese asustarnos. Estamos ciegos de conocimiento porque los anhelos democráticos nos tienen embobados. Creemos que ellos representan la diferencia ante un aparato bipartidista que nos asquea.

“Voy con El Bronco porque no se vende”, “Elizondo es mejor que cualquier candidato panista de la actualidad”, y así, puf… mil frases que escuchamos en todos los estratos sociales de nuestro Estado como si fuesen verdades que añoramos creer. Ambos llegan a la contienda con la opinión pública volcada hacia ciertas simpatías que parecerían acertadas y profundas.

Pero, pensemos en aquella fogata y apaguémosla con dos cubetazos de agua fría. Tomemos distancia y miremos los troncos quemados, débiles y oscuros. Sin la densidad del humo, la vista se aclara y la semiótica se huele muy diferente.

¿Por qué se postula Elizondo? Si alguien me dice que para ser gobernador me río hasta asfixiarme. No podemos comernos tremenda tontería. Su inserción en la campaña servirá de efecto de choque. Golpe seco al corazón albiazul que muchas veces lo traicionó. Tiro a la cabeza proselitista de una Margarita que se debate contra sus propias contradicciones.

Elizondo existe porque el PAN ahí lo quiere. Las propias diferencias de su verdadero partido lo catapultaron hacia una posición que el mismo demerita. Nunca será gobernador y quienes conocen las entrañas de las campañas lo saben a la perfección. Su existencia es directamente proporcional a la incomodidad que los mejores operadores albiazules quieren lograr en los búnkers de la precampaña actual.

Entonces ¿qué significa nuestro voto por Elizondo? Miremos a Felipe o Margarita y lo sabremos con rapidez. Si queremos castigarlos, votemos por el veterano. Si soñamos con vacas voladoras, elijámoslo a él. Pero sobre todo, no compremos el mensaje de la democracia amplia y participativa. Él no volvió para ganar, llegó para incomodar, entorpecer y dinamitar a sus vecinos de cuadra.

Y estas últimas líneas asociémoslas al Bronco y prometo que no se equivocarán. Con los ojos vendados podríamos apostarle al daño priista que su candidatura representa. Quizás llegue a las firmas que busca. Ojalá porque le daría color al mismo esquema que leímos más arriba. Rodríguez tampoco será gobernador. Ni ahora ni en cien años mientras el bipartidismo nuevoleonés se fagocite al prójimo.

¿Por qué votaríamos por El Bronco? Supongo que por la inocencia que soñamos tener. Ni es el paladín de la justicia ni el fenómeno de la Sultana. Sus asesores operan con la misma astucia que los más recalcitrantes del tricolor y sus bases electorales son tan siamesas con el PRI que debiésemos ofendernos.

Entonces, amigos, pensemos con más sagacidad sobre el mapa electoral que tenemos delante. Ojalá pudiéramos describir un abanico genuino de opciones, ojalá, pero NO es así. Hay dos partidos y el resto opera para ellos. Con pros y contras bajo un mandato pragmático e interesado. Lo demás es basura y utopías. La independencia y renovación electoral no existe en Nuevo León.

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