Voces callejeras

La mafia mundialista

La reventa mundialista sigue ganando terreno y cada día el negocio se vuelve más impactante. Si eres latino estás frito, pagarás precios que triplican la media porque el furor hispano revienta todas las taquillas. Desde el lado oficial todos se hacen los tontos, por un lado critican la ilegalidad y por el otro la dejan avanzar con alevosía.

Y entre ese grupo de aficionados, el podio lo lidera Argentina con mucha tranquilidad. La invasión pampera arrasó desde el inicio con Río de Janeiro y todas las medidas precautorias colapsaron. Fueron más de doscientos mil en Copacabana que dormían en hoteles, calles o playas. Todo valía por ver a su albiceleste y los revendedores no esperaron otra señal. “Mil dólares y no me bajo más”, me repitieron varias veces.

¿Mil? ¿Por el primer juego? Se quejaban muchos que habían especulado con la compra de último momento (después de la clasificación a la Semifinal se especula con boletos que superarán los tres mil dólares). Ya vendidos desde hace meses en el circuito oficial, el sistema de la FIFA volvió a disponer de un mecanismo que le otorgaba supuesta identidad a cada boleto y los selló con el nombre y apellido de quien hizo la compra original.

Pero ahí es donde empieza el eterno doble mensaje del organismo futbolero. “No pasa nada, tú relájate. Nadie checa el nombre original y puedes ingresar sin problemas”, y sí, el vendedor tiene razón porque en los accesos del estadio no certifican el apellido del portador del boleto. O sea, por ese lado no debería haber dudas, aunque claro… hablar de falsificaciones ya es otra cuestión.

Y siguiendo la pista de las falsificaciones llegué hasta otro gran hallazgo. “Claro parce, puedes pagar con tarjeta y si no, te damos el boleto y luego nos lo depositas en la cuenta bancaria”… ¿Cómo? Jajá. En aquel momento sonreí y ahora que lo escribo también. Hay grupos organizados de reventa que tienen su oficina en los edificios más lujosos de Río de Janeiro y desde allí operan. Llegas a la puerta principal, pides por Iván (colombiano) y el elevador te lleva hasta los últimos pisos con una vista espectacular.

“Tranquilo, son originales. Para el próximo de Francia en el Maracaná serán 500 dólares por cada uno. No puede ser menos. Los latinos llegan hasta dos mil y seguirán subiendo”, detalla.

Rato después la situación me deja pensando: ¿Pagos con tarjeta y depósitos? ¿Que te los confíen sabiendo que les pagarás? Mmm… ¿Quién hace algo así? Muy fácil. Una mafia compleja y muy peligrosa. Con el control absoluto de la operación mundialista desde la ciudad más emblemática del país.

Claro que siempre ha existido este camino paralelo de negociación. Pero ahora el furor continental lo complica más y quienes estuvieron en otros mundiales te lo explican con facilidad. “La fiebre sudamericana sobrepasó todos los cálculos. Ningún Mundial tuvo tanta gente (sin boleto) abarrotando las ciudades”, me explicaba un experimentado periodista brasilero. “En Alemania podías ver a algunos durmiendo en el Metro y nada más. Pero aquí hay cientos entre la arena y las esquinas. Tapados con cartones o apretados en sus autos bajo treinta grados de calor”.

Y este contexto de abundancia fue el que retroalimentó al circuito ilegal como nunca antes. Por eso la evolución de la reventa nos ha asombrado a todos. Las mafias trabajan online y con sistemas de créditos. Están a la vista y sin temor. Olvídense de aquel viejo estilo que trabaja bajo las sombras. Este Mundial representa el desparpajo y la comprobación final de que todo el sistema está más corrupto que nunca.


@santiago4kd