Voces callejeras

La influenza no afecta a Superman

Me impresiona la capacidad que tenemos para subestimar situaciones que antes eran nuestra peor pesadilla. Hace cinco años ni siquiera nos animábamos a saludar estrechando la mano. Mucho menos a dar un beso y además caminábamos cien cuadras antes que subirnos al ómnibus para ir a la chamba.

Aquel 2009 fue el elegido para el letal resurgimiento de la H1N1 y las farmacias estaban abarrotadas. Comprábamos infinidad de cubrebocas para estar preparados. Nos limpiábamos las manos con gel higiénico cien veces al día y nadie nos miraba raro. Ah no, perdón, cómo olvidar cuando observábamos con enojo al que tosía sin taparse la boca. Al que estornudaba mirando al cielo mientras sentíamos que el destino nos impregnaba con el virus mortal.

¿Y ahora? Mirémonos desde lejos y sintamos nuestra omnipotencia. Somos fuertes e impenetrables. Nos resbala la influenza porque creemos haberla vencido. Leemos sobre estadísticas pero las observamos lejanas. Les pasa a otros y nosotros estamos fuera de su alcance. Es más, ni siquiera nos vacunamos. ¿Para qué? Ya pasó. Que no exageren con otra epidemia porque no les creeremos nada.

Ok, en pocas palabras y muy callejeras: “le estamos pegando al mamey”. Y claro, la pregunta obvia es: ¿por qué no lo vemos? ¿Por qué creen? No somos magos. No podemos asimilar una certeza si convivimos entre espejismos. Los medios de comunicación desaparecieron a la influenza al quitarla de la pantalla pero la maldita sigue allí. Persiste con acumular muertes y la primera quincena de 2014 (468 casos y 30 muertes) casi iguala a todo el 2013.

Pero el Apocalipsis ya no existe. Al menos, eso nos quieren hacer creer. Nos fabricaron un disfraz de Superman y pensamos que funciona ¡jajá! ¿Nos verán como niños? No sé. El gobierno aplicó más de 18 millones de dosis de una vacuna que tres laboratorios monopolizan en todo el mundo. La campaña del Gobierno Federal parece empeñada en derrotar a la gripe que le hizo perder millones de dólares en turismo. Y por eso estamos en un momento peligroso. Caminamos encandilados por la luz que los medios reflejan y la Secretaría de Salud genera. Nos sentimos seguros sobre un problema que debería tenernos preocupados. La vacuna no es la solución mágica y la H1N1 nos acompaña con más fuerza que antes.

Mírense y pregúntense si irían al médico por fiebre o tos. ¡No! Ninguno de nosotros va. Un error que debemos empezar a remediar si queremos evitar las estadísticas. En 2009 murieron diecinueve mil personas en el planeta y todavía se contabilizan cientos de muertos en México y otros países.

¿Qué hacer? Supongo que debemos darnos un cachetazo para asimilar que la vida tiene demasiados grises. Queremos engañarnos con blancos y negros pero la situación es más compleja. Cientos de horas televisivas nos describieron a la H1N1 como un virus nuevo y mortal. Nos lo mostraron como invulnerable hasta que surgió la vacuna. Luego, los políticos y noticieros se unieron para vendernos que el antídoto era la solución total.

¡Mentira! ¿Y los grises dónde están? Hace miles de años que existe la H1N1 y la población siempre salió adelante. Las vacunas no son infalibles porque el virus muta cada año para ganarles. Por eso debemos abrir los ojos y entender el cuadro completo. La influenza estuvo y seguirá entre nosotros. Debemos quitarnos esa soberbia de creernos intocables. Una actitud que quizás no sea nuestra culpa y que sí, recae en el espejismo generado por los medios y el gobierno.  

@santiago4kd